Limés (Cangas del Narcea), Pepe RODRÍGUEZ
Un año más la vendimia en Cangas del Narcea ha puesto de manifiesto que hay cosas impresas en el ADN de esta comarca que no se pueden extirpar. Hay muy pocas vendimias, por no decir ninguna, en las que no se junten una serie de vecinos, amigos y familiares del viticultor de turno para echar una mano. El salario que estos «voluntarios» reciben rara vez excede de una copiosa comida y una sobremesa entre risas.
Pero hay un vendimia en Cangas que lo lleva un poco más allá, y es la que dirige Antonio Álvarez, el popular Antón «Chicote». Antón, que recibe su mote debido al bar Chicote, que regenta en la villa, es capaz de juntar a unas 90 personas en sus viñas de Limés para que le ayuden vendimiar y poder elaborar sus famosos vinos «Penderuyos», que luego venderá en su taberna.
Todo es a lo grande y Antón no puede permitirse que sus invitados se marchen como si nada de sus terrenos. La comida que les sirve se prepara a conciencia; se trata de una parrillada pantagruélica regada con el vino de la casa, como no podía ser de otra forma.
Pero lo que verdaderamente distingue a la vendimia de Antón Chicote es que hasta contrata músicos para organizar una verbena durante toda la tarde. Los «voluntarios», captados para la causa de entre los clientes del bar, los amigos, los vecinos y los familiares, ven así cómo el esfuerzo de la mañana, arrancando vides y trasegando «maniegas» hasta los tractores, se ve recompensado con una fiesta completa de comida y baile. Como dicen algunos de ellos, «esto es como una boda: en vez de dar sobre con dinero tienes que tirar de podadora, pero casi es mejor así».
Antón se muestra muy agradecido con todos ellos, «esto no se puede hacer de otra manera», y les exhorta a volver al año siguiente prometiendo que «la fiesta será más grande todavía». Juntos han conseguido vendimiar unos 6.000 kilogramos de uva, «algo menos que el año pasado, pero tienen un gran pinta, va a salir un muy buen vino de estas uvas».
En el ambiente, entre unos y otros, flota la satisfacción del trabajo festivo hecho en comunidad. En las conversaciones de sobremesa, con los chupitos y los cafés de por medio, se hacen chanzas, pero también se reflexiona acerca de lo que supone que algunos trabajos se sigan realizando en conjunto, con la ayuda desinteresada de los vecinos: «No te preocupes, Antón, ya habrá tiempo para devolver el favor, que enseguida llega la matanza».