Luarca,
Ana M. SERRANO
Veintidós horas de rastreo por los montes y campos del occidente asturiano. Es el tiempo de trabajo que el grupo de montaña «El Estoupo», de Valdés, ha empleado para celebrar las quintas jornadas micológicas del concejo, que han concluido con el éxito esperado: 230 setas diferentes y clasificadas en tres días de recogida.
Este año, para aquellos que se han armado con el equipo necesario (cesta, botas de montaña, bastón, chubasquero y navaja) y han recorrido las zonas seteras del municipio, hubo más de una sorpresa. La primera, que en Valdés hay pocos hongos y que las recogidas en el concejo no fueron especialmente fructíferas. «Valdés no es muy setero, pero cada año recogemos menos y eso nos preocupa», comenta Rubén Díaz, presidente del grupo organizador de las jornadas.
La explicación hay que buscarla en las condiciones meteorológicas. Cuenta Díaz que este año ha sido escaso en lluvia «y eso nos perjudica». Y es que aunque la seta puede desarrollarse «en muchos hábitat», «depende de la pluviosidad y de la temperatura; y si bien los pastos están húmedos, en nuestros bosques el agua no ha calado lo suficiente», añade.
De hecho, aquellos que disfrutan recogiendo setas han tenido que irse fuera del concejo, a otras zonas más apetecibles y no tan saturadas. «Para evitar quedarnos sin setas, es importante no dejar los bosques sin nada. Ser cuidadosos con el medio ambiente y asegurar las recogidas futuras», explica Díaz, que piensa que el abuso en la recogida puede ser otra de las causas de que en Valdés cada vez aparezcan menos hongos. «Y tampoco es recomendable salir con un grupo de personas numeroso, porque dejas zonas sin especies», añade.
A pesar de la escasa recolección en Valdés, las jornadas han concluido con apuestas de futuro. En una de las expediciones, en las que han participado una treintena de personas, han encontrado una seta que no está catalogada en la clasificación de hongos hallados hasta ahora en Asturias y que se ha convertido en el orgullo de las jornadas: «Así tenemos más proyección». Se trata de la «Sparassis Laminosa», aparecida en la localidad valdesana de Almuña: «No tiene interés culinario, pero siempre es una gran noticia para nosotros encontrarnos con setas diferentes», comenta Díaz.
La organización ya está pensando en dar un vuelco a las jornadas y convertirlas en un encuentro de referencia para el turismo. La idea es transmitir lo mejor de la micología y hacer de ella una aventura para aquellos que muestran interés por los hongos, es decir, de convertir el programa de las jornadas en turístico. «Nuestro objetivo, desde que empezamos con las jornadas, es enseñar a coger setas y tener cada vez más aficionados». Y aunque las setas, según Díaz, escasean en Valdés, en los concejos cercanos, como Cudillero, Tineo o Navia, hay zonas que continúan asegurando a los micólogos una buena recogida, también de setas comestibles.
En el grupo «El Estoupo», las salidas a campo son constantes durante el otoño, pero no sólo en este temporada. «También hay setas en primavera, aunque hay más costumbre de salir en estos meses», comenta Suso Gudín, otro miembros del grupo valdesano. El secreto de estas aventuras no es otro que tener paciencia: «Puedes pasar tres horas caminando por los montes y no siempre tienes asegurada una buena recogida».
De cara a la próxima edición de las jornadas, tiene pensado generar más expectación y unir a la hostelería local para que los encuentros vayan más allá de una exposición anual de setas y se convierte en unas jornadas gastronómicas y también en un punto de encuentro apeticible para los micólogos de Asturias.
Macrolepiota Procera
Aparece de primavera a otoño y se puede cocinar. El cuerpo puede llegar a tener 40 centímetros de altura.
Boletus Erythropus
También comestible. Es de color pardo oscuro y tiene un pie grueso. Fructifica bajo pinos y árboles de hoja caduca.
Agaricus Arvensis
Es comestible. Es particular su sombrero, que puede llegar a alcanzar los 30 metros de diámetro. Brota en primavera y en otoño.
Sparassis laminosa
Especie sin interés culinario. En Asturias no estaba catalogada y se encontró por primera vez en Valdés durante sus jornadas micológicas.