POR RAQUEL L. MURIAS
Luarca (Valdés)
Los moluscos más famosos de Asturias, incluso de España, los calamares gigantes que la Coordinadora para el Estudio de la Protección de las Especies Marinas (Cepesma) muestra desde hace años en sus vitrinas de su sede de Luarca, se han convertido en todo un «boom turístico» en el museo de Historia Natural de Washington, hacía donde partieron dos de estos ejemplares el 11 de julio del año pasado. Gracias a esta exposición, el museo estadounidense recibió dos mil visitas más al año, en comparación a las cifras de años anteriores. Por este motivo, los estadounidenses no quieren ni oír hablar del viaje de vuelta. Todo apunta a que los calamares del Cepesma continuarán en América del Norte, al menos, nueve años más. Dice Luis Laria, presidente del Cepesma, que es desde que los calamares se exponen en Estados Unidos cuando el museo ha aumentado el número de visitas. Y es que los cefalópodos llaman la atención allá donde van.
Los estadounidenses mostraron su interés por contar con los calamares ya en el año 2002. «Querían que se los cediésemos durante treinta años, pero preferimos que la cesión fuese por cinco años y prorrogáble a otros cinco», explica Laria. La odisea para llevar los cefalópodos desde Luarca a Estados Unidos no fue tarea sencilla, principalmente porque la legislación de EE UU no permite utilizar el formol como conservante, tal y como se hace en España. «No sabíamos que hacer para realizar la exposición y es que los calamares, en el Cepesma, se mantenían en formol», explica Laria. Buscando sucedáneos que garantizasen que los calamares nos sufriesen ningún daño, se encontró un conservante que se suele utilizar para conservar piezas mecánicas: el 3M. «Hicimos las pruebas y llegamos a un acuerdo. Ahora los dos calamares cedidos por nosotros se mantienen en este producto», sostiene Luis Laria.
Los dos calamares que partieron a EE UU son un macho y una hembra. La hembra se capturó en Avilés, en el año 2005, en la zona de El Agudo. Este enorme cefalópodo mide once metros y medio de largo y para conservarla es necesario utilizar cinco mil litros de 3M. Pesa 137 kilos. El macho, se capturó en la zona valenciana de Gandía en el año 2004, mide siete metros y pesa 60 kilos.
Los dos calamares viajaron juntos en una urna que diseñó el Cepesma para la ocasión, y que fue primero hasta la base de Rota y desde aquí partió en una avión a Estados Unidos. Los militares estadounidenses fueron los encargados de llevar a cabo la operación y eso que nunca pudieron llegar a ver que había dentro de aquella urna que volaba sobre el Atlántico metida dentro de la bodega de la aeronave que ellos pilotaban.
El Cepesma recibirá por esta cesión 50.000 dólares para investigaciones marinas, además de dar a conocer la labor que se realiza desde Asturias y concretamente desde la Coordinadora para el Estudio y Protección de las Especies Marinas en este campo, y es que esta institución posee la mayor colección de calamares gigantes del mundo, con un total de veintiún ejemplares. Para Laria, que lleva todo la vida dedicado a las investigación de los animales que habitan en el mar, es un orgullo saber que Estados Unidos fija sus ojos en «sus calamares».
Los ejemplares cedidos por el CEPESMA son ahora cuidados por la Institución Smithsonian, que es la encargada de gestionar el museo donde se exponen estos ejemplares. Su interés por hacerse con los calamares expuestos en Luarca era lógico, ya que Smithsonian cuenta con 136 millones de piezas en su museo de Washington, pero sólo con un calamar gigante que, además, se encuentra muy deteriorado.
La costa cantábrica ya fue estudiada por diferentes expediciones científicas por ser una de las zonas en donde mayor presencia de calamares gigantes se producen. Sin embargo, lo que todavía no ha sido posible es grabar a estos animales en las profundidades marinas, una espina que sigue pendiente para el CEPESMA.
Estos animales suelen habitar a una profundidad que oscila entre los cuatrocientos y los dos mil metros, y no se puede calcular con seguridad el número de ejemplares que pueden habitar en las profundidades oceánicas. Lo que tampoco se puede saber, es si el cambio climático y el calentamiento de las aguas afectará a estos ejemplares, una duda que, sin duda, será motivo de investigación por el CEPESMA en los próximos años.