Navelgas (Tineo),
T. CASCUDO
Antaño, tras la recogida del maíz de los campos, era habitual la reunión de los vecinos en las casas para cumplir con el último proceso: el esfoyón. Esa labor se realizaba siempre en familia y en reuniones vecinales, al término de la tarea diaria. Eran momentos de fiesta y celebración donde no faltaban las tertulias y la buena comida. Una de esas noches se recreó el sábado en el barrio de Navelgas de Arriba donde se celebró la décimo cuarta fiesta del Esfoyón y el Amagosto.
La implicación de los vecinos, la respuesta de los visitantes y la excepcionalidad del espacio escogido para la fiesta convierten cada año la noche en mágica. Quizás por eso sea desde hace dos años Fiesta de Interés Turístico Regional. El sábado, a pesar de la lluvia que tímidamente quiso aguar la jornada, el barrio se llenó de tradición y volvió a brillar con luz propia.
Trescientos kilos de castañas, acompañados de fereixolos, torreznos, bollos preñaos y empanada se repartieron entre vecinos y visitantes, que disfrutaron entrando y saliendo de los bajos de las casas donde se recreaban escenas de la vida de hace décadas. El esfoyón abría la visita con media docena de hombres y mujeres desfoyando y enristrando las panoyas. Las risas y las animadas charlas de los protagonistas invitaban al espectador a entrar y contemplar este peculiar teatro de la vida.
Con sartén en mano contaba José Luis Castaño, vecino de Navelgas, que la cita es especial porque se vuelca todo el pueblo. Y miraba al cielo confiando en que la lluvia les diera una tregua. Entre treinta y cuarenta personas configuran el grueso de la organización, con la que luego colaboran otros vecinos acudiendo a la fiesta con vestimentas a la antigua usanza. «Esto lo hacemos para no dejar morir a los pueblos, si no hacemos algo los que vivimos aquí...», explicaron los vecinos.
Una vieja escuela con todos los detalles, el lagar donde se fabricaba sidra, el taller del ebanista, la filandeira, el ferreiro y hasta un chigre donde casi era misión imposible cruzar el umbral de salida sin haber probado sus orujos. Todos o casi todos los oficios de la vida tradicional asturiana tuvieron su hueco.
En esta fiesta es también tradición entregar un galardón a una persona o entidad que destaque en su labor de apoyo y promoción de la comarca Cuarto de los Valles. En este caso, la fiesta del sábado premió con el «Esfoyón de Oro» a la Cofradía del Vino de la Tierra de Cangas. El maestre de ceremonias de la Cofradía, Joaquín Fernández, explicó que se trata del primer premio que reciben de una entidad o colectivo ajeno al mundo del vino. «Al igual que nosotros, los vecinos de Navelgas luchan para impulsar las actividades culturales que de otra manera se perderían», afirmó.
Catorce cofrades pasearon sus capas y sus vistosas vestimentas desde primera hora de la noche mostrando aquí y allá los agradecimientos por este simbólico galardón. La directora de Turismo del Principado, Elisa Llaneza, acudió también a la cita, que definió como «algo muy especial, algo que no sucede en otros sitios». Y así, poco a poco, se fue agotando la noche entre olor a castaña recién hecha y a humo de las lareiras a pleno rendimiento. Navelgas ahora se recupera de su noche más larga.