JORGE JARDÓN
Los romanos plantaban rosas y violetas sobre las tumbas para que las flores, al caer sobre la tierra de los muertos, la esponjasen y la hicieran más ligera y amorosa. Que la tierra te sea leve, escribían sobre las sepulturas. Pues en medio de las catástrofes actuales ni tan siquiera este consuelo va a quedar a los que se mueren. A causa de las grandes catástrofes, de los terremotos o de los tsunamis, son numerosos los que tienen que verse sepultados en una fosa común o bajo los escombros de un edificio sin que ni tan siquiera puedan conseguir el consuelo de una tierra reseca. El enterramiento de estas personas es incluso más sórdido que el de los animales que tenemos en casa, que al menos tienen el consuelo de encontrar como fosa de descanso un lugar gratificante del jardín cubierto de flores o bajo la sombra del frutal más hospitalario de la huerta. Todo esto no hace sino reafirmarnos que no estamos seguros ni para descansar eternamente.