JORGE JARDÓN
Desde que se dejó de lado la educación humanística, al menos como estábamos acostumbrados a recibirla, se acabó la lista de los reyes godos y los alumnos de la ESO no llegarán a saber jamás que el sentido griego de la reflexión y de la belleza, el romano del derecho y el cristiano de lo trascendente viajó en unas carabelas junto a un puñado de españoles, precisamente los que hicieron posible que el español sea actualmente una lengua universal que llena de orgullo a quienes la emplean. Naturalmente a quienes la utilizan correctamente, que no es nada fácil y se cuentan con los dedos de una mano. Por eso me parece absurdo el empeño de los gobiernos nacionalistas, en especial de los catalanes, en forzar el aprendizaje de sus propias lenguas, que apenas son útiles para un puñado mínimo de personas, a las que no les sirve nada más que para andar por casa o para tomar un billete en el metro.