Jarrio (Coaña),
Ana M. SERRANO
«Estuve dos años haciendo guardias localizadas, sin descanso». La oftalmóloga Mercedes Rodríguez es una de las profesionales que trabaja en el hospital comarcal de Jarrio desde que se inauguró, en junio de 1989. De aquellos años, dice guardar muy buenos momentos, también sesiones de trabajo muy duras y, sobre todo, «recuerdos especiales de todos los médicos porque éramos una gran familia». Rodríguez llegó del centro de salud de Luarca, al igual que su compañero y médico de familia, José Manuel Usabiaga, para trabajar en el primer hospital del Occidente, un centro muy demandado y que la sociedad se había encargado de reclamar tiempo atrás. Aquellos primeros días fueron frenéticos, más que nada porque todo el personal tenía que hacer de todo. «Incluso colocar la máquinas», comenta.
Desde entonces ambos han pasado por malos y por buenos momentos. Lo más impactante, cuenta la doctora, han sido los continuos cambios técnicos y el paso de la atención personal a las pruebas médicas más técnicas. Para Usabiaga, ver crecer el hospital, cómo ganaba en calidad ha sido lo mejor, y lo peor, «que cada vez era más complejo de organizar».
Trabajar desde hace veinte años en un centro hospitalario de la zona del Occidente, la más rural de Asturias, ha sido para ellos un privilegio. «Llegas a querer a tus pacientes porque ya los conoces», relata Rodríguez. «Lo mejor es el trato con los pacientes. Aquí son muy agradecidos», añade Usabiaga.
El primer día de hospital comarcal de Jarrio, la ilusión y la curiosidad desbordaban a los profesionales. De un lado, era algo nuevo para el Occidente y por ser un proyecto muy demandado y perseguido se esperaba mucho de él; y de otro, poner en marcha a nivel técnico y administrativo un complejo que antes no existía resultaba difícil. «Sacábamos la luz de lo poco que teníamos», cuenta Mercedes Rodríguez. Durante los primeros dos meses, los profesionales viajaban del centro de salud de Luarca a Jarrio para atender las consultas y el traslado no fue de un día para otro.
Con el paso del tiempo, ya veinte años y cinco meses después, ambos médicos siguen cruzando cada mañana la misma puerta y lo hacen, dicen, con la misma ilusión. Del hospital comarcal de Jarrio sus profesionales esperan mucho más de lo que los críticos con el centro sanitario dicen.
Y sus profesionales anhelan seguir creciendo: «Queremos ser un hospital de calidad, porque su carácter comarcal no está reñido con sus posibilidades».