Brañaseca (Cudillero),
V. DÍAZ PEÑAS
Armando Martínez Riesgo es una de las muchas caras del campo asturiano. Tiene 32 años y apostó por seguir trabajando en la ganadería. Era una manera de seguir manteniendo vivo el medio rural. Sin embargo, a pesar de su ilusión y de su trabajo para que el medio rural no muera, no hace más que encontrarse con trabas en el camino. A parte de la marginación que sufre el sector ganadero, más aún en las zonas rurales, tiene que hacer frente a unos enemigos cada vez más numerosos. El lobo le tiene acorralado. A él y a sus vacas.
Armando vive en Brañaseca, una aldea del concejo de Cudillero. Allí se crió y allí seguirá hasta que pueda. Es uno de los ganaderos más jóvenes del concejo y sus palabras son un compromiso con el medio rural. «En esta zona siempre se vivió de la ganadería. Fue lo que vi de pequeño y lo que quiero seguir haciendo. Porque, además, es una cosa que me gusta. Así que seré ganadero mientras me dejen», explica. Es, junto a otro vecino, el único ganadero que queda en el pueblo.
El joven también sabe que su modo de vida no es fácil. Dejando de lado el hecho de vivir en un pueblo apartado, sufre lo que el considera una marginación. «Parece que a la gente del sector del campo nos tienen marginados. No nos escuchan y todo son trabas a la hora de realizar nuestro trabajo. En vez de ayudar, parece que nos lo están poniendo más difícil. Y así el mundo rural no tardará en desaparecer», lamenta.
Pero si hay algo que dificulta la vida y subsistencia de este joven ganadero es el lobo. Como apunta, desde hace unos años, las camadas han aumentado de manera considerable en la zona, lo que pone en peligro, aun más si cabe, la pervivencia de la ganadería en estas sierras de Cudillero. «Cada vez estamos peor. Es una situación difícil, prácticamente insostenible. Los daños se producen casi semanalmente. En lo que va de año me han matado más de veinte animales entre vacas y potros. Así no hay quien pueda seguir adelante», señala.
El ganadero, consciente de que ya se han realizado varias batidas en la zona, pide un mayor control sobre la población de lobos para así minimizar los daños cada vez más cuantiosos. «Hubo batidas, pero no es suficiente. Nadie dice que acabemos con los lobos porque siempre convivimos. El problema es que ahora hay casi tantos lobos como ganado, por lo que el control sobre la población tiene que ser mayor. Las batidas tendrían que hacerse de manera más frecuente», señala.
Y es que, a pesar de todo, este joven ganadero quiere seguir viviendo en el campo y trabajando de lo que le gusta. Cada vez tiene que pagar más por los piensos y cobra lo mismo por un «xato» que hace 10 años. Los ataques de los lobos siguen menguando su cabaña prácticamente cada mes. Y encima no encuentra más que pegas para desarrollar su trabajo. Pero aún así, Armando Martínez quiere seguir viviendo en Brañaseca. Quizás por que sepa que sin gente como él el campo asturiano desaparecerá.