Grandas de Salime,
Ana Paz PAREDES
Desde el 23 de junio Delphine Meyrignac y Philippe Blanchard recorren a caballo España y parte de Portugal para finalizar su ruta en Santiago de Compostela. Sin embago, esta es sólo una parte de su viaje. Concretamente el 50 por ciento. Residen en Cahors, en el departamento de Lot, en la región de Mediodía-Pirineos. Esta ciudad fue capital de la antigua provincia de Quercy y una etapa importante del Camino Francés a Santiago de Compostela. Tras finalizar estra primera y larguísima estapa de su viaje, esta pareja se encuentra desde hace varios días cruzando Asturias, siguiendo los tramos del Camino de Santiago, pero en sentido inverso, es decir, de regreso.
A Grandas de Salime llegaron desde Galicia el mismo día que Miguel Moro y, como él, en Grandas de Salime pasaron la noche. Durante la mañana, y ante las dependencias del Ayuntamiento, ambos se encargaban de preparar a su yegua «Cinder» para la etapa del día. Además de este animal, y para poder desplazar lo que necesitan para tan largo viaje, llevan otras dos monturas: un caballo de nombre Mikado y una mula llamada Manon.
Al igual que Miguel Moro, no se consideran unos peregrinos al cien por cien y tratan de mezclar en su ruta tanto diversos tramos del Camino de Santiago en sus diferentes variantes -ellos llegaron a España por el Camino Francés- con otras compatibles con su proyecto de viaje, un viaje cada día más sorprendente y enriquecedor, en palabras de Delphine, quien afirma que lo suyo «es toda una gran experiencia llena de numerosas anédotas». Una afirmación que apoya Philippe Blanchard quien, en un muy correcto castellano, matiza sin embargo que en muchos tramos del Camino, y pensando en posibles peregrinos que lo realicen a caballo, «no existe ningún tipo de servicio para poder atender a las caballerías. Y hablo, simplemente, de obtener algo de forraje para poder alimentarlos. Cada día hay más personas que optan por esta posibilidad, la de hacer el camino a caballo, y estaría bien que los organismos competentes tuvieran en cuenta esta realidad». En su regreso hacia Francia realizan el Camino Primitivo pero a la inversa, esperando enlazar en un momento determinado con el camino del Norte, o por la costa.
Con ellos llevan, dicen, «su casa, lo necesario para tan largo viaje y lo de los animales, sin que falten los medicamentos o lo necesario para el herraje», dice Delphyne. Tanto uno como otro no dejan de alabar las bondades de «Cinder», una yegua muy tranquila y excelente viajera. «Es un animal muy bueno», afirma con notable admiración y cariño su dueño minutos antes de iniciar su marcha hacia Berducedo. No saben el tiempo que tardarán en llegar a Francia. Pero están en camino.