Castropol,
T. CASCUDO
Teodulfo Lagunero fue, en la sombra, una de las personas claves de la Transición española. Clave porque estuvo detrás de muchos de los momentos que marcaron la historia del país como fue la reconciliación del Partido Comunista con el Gobierno de Adolfo Suárez y el regreso a España de su secretario general y amigo íntimo de Lagunero, Santiago Carrillo. Estas y otras aventuras figuran en su libro «Memorias de Teodulfo Lagunero», que ayer se presentó en Castropol en el marco del II Foro Comunicación y Escuela, organizado por el Instituto veigueño Elisa y Luis Villamil.
El libro fue glosado por el director del Club de Prensa de LA NUEVA ESPAÑA, Javier Rodríguez, quien explicó que la vida de Lagunero «es un recordatorio muy valioso de lo que fue la historia de España». Rodríguez definió a Lagunero como «un triunfador que estuvo del lado de los perdedores». No en vano su condición de multimillonario no fue obstáculo para que durante años financiara al Partido Comunista y a los españoles en el exilio.
Lagunero aprovechó su visita a Castropol para hablar de sus vivencias y también para defender el valor de la Transición: «Los defectos de la democracia actual no son en absoluto achacables a la Transición; esa responsabilidad debe achacarse a los gobiernos posteriores».
El catedrático de Derecho Mercantil definió la Transición española como «una obra imperfecta» y aseguró que no fue «ni buena, ni mala», sólo un proceso del que «sólo se sabía el objetivo, el resto era impredecible».
Para Lagunero, este modelo político con el que España abandonó la dictadura no puede exportarse: «No se puede decir eso de que es modélica y exportable. No lo es porque cada pueblo tiene que hacer su historia. Pero hay que valorar lo que ha conseguido España y con mínima violencia. Ahora se dice mucho eso de la «santa transición» en tono despectivo, como si fuese la responsable de la España de hoy».
Lagunero explicó, en presencia de un numeroso público entre el que estuvieron empresarios como Aurelio Delgado y Francisco Rodríguez, así como el consejero de Educación, José Luis Iglesias Riopedre, que el país ha cambiado enormemente pese a que sigue habiendo muchas cosas que le disgustan. «Una de ellas es que aún haya muertos en las cunetas: eso es una vergüenza», dijo en alusión a los represaliados en la época franquista. Tampoco está de acuerdo con el sistema electoral actual ni con las medidas que se están planteando como salida a la crisis. En este sentido, Lagunero se mostró convencido de que España volverá a ser una República, pero no será inminente: «Ahora el pueblo tiene otras preocupaciones, que son los cuatro millones de parados».
Por espacio de dos horas, el abogado asombró al público con su elocuencia y sus sabrosas anécdotas, que lo llevaron a conocer y codearse con personajes bien dispares como los poetas Rafael Alberti y Marcos Ana, o políticos como Aurelio Menéndez y Manuel Fraga. El catedrático dijo de su libro que es un resumen de las cartas que le dio la vida y su modo de jugarlas: «La vida me dio unas cartas malísimas porque soy un niño de la guerra». De aquella época que definió como «espantosa», salió adelante convirtiéndose en un próspero empresario del ladrillo que triunfó con el lema: «Un minuto para comprar y cien meses para pagar».
A través del Foro de la Comunicación, el catedrático ha estrechado sus vínculos con Asturias, en concreto con Castropol, que estos días visita por cuarta vez.