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¿Qué fué de...? 

Boal se graduó en el 34


La villa celebra el 75.º aniversario de la salida de la primera promoción de las Escuelas Graduadas, construidas gracias al dinero que enviaron los emigrantes desde América

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Imágenes de algunos de los niños de la primera promoción del colegio boalés.
Imágenes de algunos de los niños de la primera promoción del colegio boalés.  
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Boal

El 1934 fue un año que marcó historia, como se dice coloquialmente. Por ejemplo, fue el año de la revolución en Asturias que lleva el mismo nombre. Pero en el concejo de Boal esta fecha es más importante por otras cuestiones, y es que el 23 de septiembre del 34 se inauguraron las Escuelas Graduadas, uno de los proyectos que más costó ver en pie, pero también uno de los más demandados por los vecinos.

La historia de las Graduadas tiene entre sus moles de granito mucho intríngulis. No fue sencillo conseguir la financiación para levantar una escuela en un concejo que tenía prácticamente derruida toda su red de escuelas rurales. Además, eran tiempos en los que invertir en educación no era prioritario. Pero los boaleses contaron con el respaldo de los emigrantes a América que desde el otro lado del Atlántico enviaron dinero para sufragar la obra. Las Graduadas se pusieron en pie, pero antes el laberinto de su construcción dio muchas vueltas.

El Ayuntamiento de Boal llevaba desde finales del XlX intentando dar solución al problema de la enseñanza en Boal, se necesitaban nuevas instalaciones, más amplias y con unas condiciones que permitiesen dar una clase en condiciones. Así, en 1898 la Corporación municipal toma la decisión en firme de construir una escuela para niños y niñas, y con casa de maestros. El arquitecto Benigno Fernández fue el encargado de diseñar aquel primero boceto que se quedó en eso, porque nunca se pudo llevar a cabo. Los planes no acababan de arrancar, faltaba financiación y la idea quedó más o menos aparcada. En 1908 el Ayuntamiento quiere recuperar el proyecto y designa una comisión con la idea de adquirir un solar en el que se levantará el edifico. Había 1.141 pesetas para comprar la finca. Un dinero que había enviado Hermenegildo Siñeriz desde La Habana, y que era el resultado de una colecta que se llevó a cabo en la capital cubana entre los boaleses que habían emigrado a esta ciudad en busca de una vida mejor que no les ofrecía un campo en total decadencia. A este dinero se sumaron las 250 pesetas que envió Jose Benito Santa Eulalia, un donativo que quiso hacer llegar a los boaleses a título personal.

Ya con algo de dinero y con el respaldo financiero y el empuje de la Sociedad de Naturales de Boal en La Habana, que se constituyó como tal para trabajar por su pueblo y sus raíces desde la otra punta del mundo, el proyecto para la construcción del edificio volvió a echar a andar. Esta vez surgió otro contratiempo: el emplazamiento.

Los vecinos de Boal y los de Armal (uno de los pueblos más grandes del concejo y muy cercano a la capital) querían que el edificio se asentase en un lugar equidistante entre los dos pueblos, para que ningún niño saliese desfavorecido con la obra. Así, entre que se discutía la ubicación, fueron los emigrantes los que propusieron que se llevase a cabo una votación en el pueblo para decidir en enclave definitivo y así se hizo. Finalmente, se optó por edificar en la finca que era propiedad de Francisco Presno García, entre las dos localidades.

Para la compra del solar se abrió una suscripción popular y todos los vecinos pudieron aportar para la causa. En poco tiempo se lograron recaudar 6.000 pesetas y en noviembre de 1919 el Alcalde anunció que se contaba con el presupuesto necesario para adquirir el terreno. El ayuntamiento tenía que sufragar el 50 por ciento de la obra y el resto debería ponerlo el Estado, pero la Administración central no hizo más que retrasar la llegada de ese dinero y hubo que esperar hasta 1930 para que comenzasen las obras. Fue el arquitecto Julio Galán el que se hizo cargo del proyecto y un contratista de Vigo, Luciano González Salgado, el que hizo la obra, que se presupuestó en 314.364 pesetas.

En octubre de 1933 se dan por finalizadas las obras y en septiembre del 34, ya con luz, agua y sin ningún remate pendiente, el pueblo sale a celebrar el nacimiento de las Escuelas Graduadas. Un edificio por donde han pasado cientos de niños y donde se siguen impartiendo clases, aunque ahora queden menos niños. Los que vuelven de La Habana de visita saben que éste es el mejor legado que han dejado en el concejo.

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