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Y ahora, gracias

Los santirseños sienten gran orgullo y satisfacción por la distinción

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Y ahora, gracias
Y ahora, gracias 

ÁNGEL PRIETO PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN «SAN TIRSO DEL EO» Todos los pueblos de Asturias tienen un paisaje encantador, una gente entrañable y una rica gastronomía, por eso hace décadas el Gobierno del Principado acuñó la marca «Asturias, Paraíso Natural».

En el extremo occidental de Asturias la vida en el campo estuvo ligada a una agricultura y ganadería de subsistencia, unas formas de vida para sobrevivir de los recursos que se obtenían de la naturaleza y del manejo de los animales.

Vivir de lo que daban cinco o seis vacas: un poco de leche y unos terneros. Y era poco porque las vacas durante el año araban las tierras de cultivo y no podían producir mucho. En el caserío solía haber una burra para complemento de la labores y alguna oveja, generalmente se criaban un par de cerdos al año para consumo de la familia. La base del alimento era el pan, en cuya cosecha -la del trigo- se afanaban los campesinos durante nueve meses para culminar en la trilla. Los productos serondos, castañas y maíz principalmente, también fueron un pilar fundamental en la alimentación humana y animal de antaño; y parejos a sus cosechas, los magostos y las esfoyazas. Para todas las cosechas, los cestos y cestas eran fundamentales; de su elaboración se encargaban los cesteros; eran famosos los del pueblo Goxe, que de goxo viene el nombre.

Para trabajar la tierra, los aperos de labranza los hacía un carpintero ambulante que cargaba con el banco de trabajo y el arca de la herramienta sobre una burra. Al hacer una casa, a lo primero que se llamaba era a una pareja de serradores, ya que la obra llevaba más madera que piedra; los serradores se asentaban en el monte a talar los árboles centenarios y, con un potro a medida, iban serrando tabla a tabla, se dice que llevaban a principios de semana una garrafa de vino, una hogaza de pan y un bacalao entero como sustento y que dormían y trabajaban alternativamente. También había herreros, canteros, molineros que cumplían su función en el equilibrio entre el hombre y la Naturaleza; el pañero surtía de telas a la casa para que la costurera, también ambulante, confeccionase ropa y ajuar para toda la familia. Las abuelas hilaban y tejían calcetines, jerséis y chalecos a partir de la lana de las ovejas. Todo sacado de los animales y de la Naturaleza.

En este preámbulo he reflejado la vida dura del campo, que puede ser la de cualquier pueblo de Asturias. ¿Pero qué tiene de especial San Tirso de Abres? Desde siempre la gente del pueblo se mostró dispuesta al trabajo comunitario y solidario. Así, en 1987, José Manuel Sierra y Jesús Fernández promovieron la creación de la Asociación Cultural «San Tirso del Eo». Fue su primer presidente Javier Corveiras, rodeado de los compañeros del grupo de teatro, que fue el germen de la idea. En aquel primer impulso estaban Cruz Ron, Manolo Amago, Carola Acebo, José Luis Gancedo, Marta Magadán... y alguno más; y todos muy amparados por el alcalde de entonces, Jesús Ferreiro. Etapa de esplendor fue la del grupo de teatro «San Tirso del Eo», que representó obras costumbristas por toda la comarca, al que se fueron sumando nombres como Juan Carlos Parapar -que sería presidente de la asociación- José Luis Flórez, Elena Acebo, Isabel Rego, Tino Fernández...

En el año 2002 una asamblea vecinal quiere impulsar especialmente la asociación y se elige nueva junta directiva en la que se embarcan Pepe Vijande y Loli Gutiérrez, Fernando Acebo, Montse López y el que esto escribe y que determinan que debe ser el presidente. A los pocos meses Pedro Amago propuso recuperar la malla del trigo y sembró el grano; y toda su familia se volcó en la labor; fue el pistoletazo de salida del plan de recuperación de la cultura tradicional de la Asociación Cultural «San Tirso del Eo». No fue necesario avisar dos veces a la gente: el día de segar el trigo, como si la siega fuese propia, aparecieron manos: las de Manolo Freije, Clemente Coto, Eloy Molejón (ya fallecido), Mauricio Rodríguez, Abel Díaz, José Manuel Robledo, Esteban Valea, Antonio Quintana... El día que se hizo la meda del trigo en la plaza de San Juan, estaban los mismos brazos y muchos más, y Paco de Robaín fue pasando la rodilla por cada haz de trigo; y sus manos asentaron cada espiga, como si se tratase de un ritual, ante la atenta mirada de centenares de personas. Al día siguiente se juntaron más brazos: los de Manolo Rey, Antonio Calvín, Venancio Rodríguez, Pedro Amago capitaneó toda la maniobra; los corazones se pararon y las lágrimas afloraban cuando el motor de mallar estalló en el típico chis chas, chas, chis, chas, chas, y la máquina empezó a tragar paja que le suministraba Ángel Ocampo y José Fernández, cada uno en su puesto, recreando las viejas trillas; otros, sacando la paja y haciendo el palleiro que con esmero cuidó Antonio Fernández; varias mujeres sacaban el grano (María José Fernández, Clementina Yanes, Lola González) para llevarlo en cestas en la cabeza a la máquina limpiadora donde Manolo Rey producía el aire a manivela y Fausto Díaz regulaba el grano. En la cocina, Carola Acebo, María Rodil, Isolina Acevedo, Isabel Vijande, Cándida Pedrosa, Isabel Fernández, Ana González, Lita Quintana, Inés Pérez y más chicas cuidaban los detalles de un buen cocido respetando la receta de la gastronomía tradicional. ¿Y para qué tantas cocineras? Pues el menú fue para cuatrocientas personas.

Aquella y otras tardes nos contaron relatos y leyendas Aurora García Rivas y Cándido Sanjurjo, al que siempre recordaremos.

Esta escena se repitió durante nueve años, desde hace seis también con malla con malles, a mano, gracias a un grupo de hombres ancianos todos, que están en nuestro recuerdo: Firme de Batribán y Manolo de Veigas, fallecidos; Constantino y Pepe, de Grandas; Roberto y Leopoldo, de Vilanova de Oscos, que nos enseñaron a mallar.

Con la cosecha del maíz sucedió algo parecido. Sólo hizo falta dar la idea y la gente ya decía: «Yo tengo el maíz», y otros decían «¿Cuándo lo segamos?» «Avísame, para ayudar». En tardes de frío y granizo, en las esfollas del maíz lo pasamos bien hablando y esfollando, las cocineras aportaron más recetas, en este caso típicas del invierno.

Leonor Rey, mujer dispuesta, se remangó e impulsó la creación de la Asociación de Mujeres Rurales «Renacer», y desde el año 2006 capitanea el colectivo; desarrollan tres actividades: una comida de comadres, una fiesta dedicada al postre mas típico asturiano, los frixuelos (en nuestra lengua vernácula conocidos como filloas); y su actividad estrella: la alfombra floral de Hábeas, para la que colaboran más de medio centenar de mujeres del pueblo.

El mismo año 2006, José Álvarez es el primer presidente de la Asociación de Tercera Edad «San Salvador», entidad que coordina excursiones y talleres de envejecimiento activo para el colectivo. Le sucedió Juan Pérez hasta la actualidad.

Yolanda Alzú, con amplia experiencia en el turismo, impulsa la Asociación de Turismo Rural que agrupa a todos los establecimientos del concejo, y acogen actividades de la cultura tradicional para ofertar a sus clientes un turismo rural de calidad.

Hemos reflejado un pueblo organizado, que vivió una vida dura, que tiene un tejido asociativo fuerte, un pueblo pequeño pero coordinado. Evidentemente, el Ayuntamiento, con la alcaldesa Goretti Quintana, no es ajeno a todo este movimiento asociativo, ni tampoco el equipo de gobierno, ni la Corporación municipal; todos apoyan las iniciativas.

Visto desde fuera, se podría afirmar que lo realmente destacable es el Grupo de Portadores de Tradición Oral «San Tirso del Eo», un grupo de hombres y mujeres que se entusiasman por transmitir sus conocimientos ancestrales en los centros educativos y en actos culturales y, así, se desplazan con escasos medios allí adonde los reclaman, siempre con gran entusiasmo. Han mostrado su oficio ante más de 1.600 escolares y participado en medio centenar de actos culturales en Asturias y Galicia. Personas que preguntan «¿Cuándo volvemos?» , frase que lo dice todo. Estas personas son: Isolina, José, María, Aurora, Maruja, Concha, Rosario, Josefa, Edelmira, Carmen, Elisa, Lidia, Aida, Antonio Bello, Ramiro, Manolo, Antonio Fernández, Pedro Amago, Alfredo y, en algunas ocasiones, Pedro Folgosa; y quien tiene que ayudar a colocarlo todo, José Luis. Son personas de edades comprendidas entre 60 y 85 años, que, siempre alegres, cuentan a los niños y niñas cómo iban ellos a la escuela, cómo se hacen los escarpinos, cómo el jabón artesanal, cómo se hace un cesto o una madreña, el oficio de carpintero o serrador. Han conseguido despertar el interés de muchos niños y que sus conocimientos ancestrales, a pesar de estar en desuso, perduren una generación más. Así, en el pueblo los más jóvenes están familiarizados con las muestras y todos los alumnos participan y practican.

Los ancianos crecen en su autoestima y disfrutan, y los niños se ilustran en antropología e historia. ¿Cómo llegó a nuestros días el modelo del arado romano si no está dibujado el plano? La respuesta la tiene el carpintero cuando dice las medidas expresadas en cuartas, dedos y brazas.

Son años de actividad en San Tirso de Abres los que ahora resumo en esta líneas (indico muchos nombres y algunos quedarán), reflejando la realidad de una comunidad vecinal volcada en el movimiento social y cultural, con aspectos muy excepcionales.

En estos días de euforia y de preparativos para recibir el preciado premio al Pueblo Ejemplar de Asturias tuve la ocasión de comprobar una vez mas la ejemplaridad de los santirseños. Allí donde uno se mueva se ven estampas: preparando una alfombra floral, preparando una muestra de oficios, arreglando las calles... mucho entusiasmo y toda la gente con ganas de mostrar y de entregar.

Al dirigirme a más de un centenar de colaboradores para coordinar la muestra de oficios, y dar las gracias a todos por el esfuerzo de estos años, tuve que simular una tos cuando me percaté de que muchos ojos estaban húmedos; ojos de hombres y mujeres que se sienten orgullosos de sus vidas y de haberlas transmitido a toda Asturias; y que se sienten satisfechos y agradecidos por este reconocimiento.

A todos y cada uno de los colaboradores de todas las asociaciones, a todos los vecinos y santirseños emigrados, a cuantos nos precedieron en la historia, a todos los que nos ayudaron en esta tarea, muchas gracias.

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