ANTONIO OCHOA
Los temas mal llamados «del corazón» (el órgano del que hablan se encuentra dos palmos más abajo) me resbalan. Incluso en el ámbito local, me dejan indiferente. Me dicen que fulanito y fulanita tienen un lío y lo más que pienso es: «¡Allá ellos!». Pero es oír hablar de números y despertárseme la vena cotilla. Sale el Alcalde diciendo que el Ayuntamiento tiene un queso de Gruyère en lugar de caja y me entra una enorme curiosidad por los detalles. ¿De cuántos «kilos» es el queso? ¿De qué tamaño son los agujeros? ¿Cuánto dinero se ingresó en la última década? ¿De dónde vino y adónde fue a parar? No compraría una revista de cotilleos, pero pagaría el triple por cinco folios llenos de tablas con las cifras de evolución del personal municipal, sus funciones y su coste; de los sueldos, dietas y otras prebendas de políticos y asesores; de las obras que se realizaron, a quién se contrataron, por cuánto y a quién beneficiaron; de detalles, en fin. Me encantan los detalles.