Mino Ronderos, leyenda viva del bolo celta

El tetracampeón mundial, de 51 años, vuelve tras una lesión para disputar todas las competiciones a las jóvenes figuras
La Federación Española de Bolos le distinguió como el mejor jugador de la historia de la modalidad en 2009

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Mino Ronderos, leyenda viva del bolo celta
Mino Ronderos, leyenda viva del bolo celta  
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Tineo

El rey del bolo celta se niega a abdicar. Tras una temporada en la que las lesiones le impidieron rendir al máximo nivel, Belarmino Ronderos ya tiene entre ceja y ceja un objetivo: pelear todos los títulos importantes de bolo celta. Aunque a priori pueda parecer imposible que un jugador de 51 años aspire a lo máximo en un deporte en el que la fuerza y el pulso son condición indispensable, este pronóstico no puede aplicarse al considerado mejor jugador de la historia de la modalidad, según la opinión mayoritaria en el mundo de los bolos.

Tenía apenas cuatro años cuando su abuelo Belarmino Feito, del cual heredó el nombre, le inició en una práctica que además de darle innumerables satisfacciones deportivas y personales, se convirtió en su forma de vida. «Tengo dos vicios en esta vida: el tabaco y los bolos, pero si tengo que escoger no dudo, me quedo en la bolera», reconoce el afamado campeón natural y residente de la localidad tinetense de Villaluz.

Mino, como es conocido por todo el ambiente bolístico, comenzó como todos los grandes de este deporte. Al principio se dedicaba como el resto de guajes a armar los bolos para que los mayores tirasen y así ser recompensados con el lujo que suponía poder tirar una bola en unas canchas que por aquel entonces rebosaban de actividad entre concursos y retos. «Era lo que había y para poder jugar había que esperar turnos interminables», recuerda el campeón.

Esos modestos comienzos dieron paso después a continuos entrenamientos que iban incrementando el nivel de juego de Ronderos. Al mismo ritmo que el bolo de Tineo, como se conocía la modalidad antes de fundirse con las prácticas gallegas en el bolo celta, iba poco a poco avanzando desde el carácter de juego popular al de deporte.

Fue entonces, entre finales de los ochenta y comienzos de los noventa, cuando Mino pasó a formar parte del memorable equipo Caja Rural que tantos éxitos individuales y colectivos obtuvo en sus años de existencia. De ahí pasó a formar parte del equipo ovetense Hotel Vetusta para luego pasar a la Peña La Oteda, donde actualmente continúa con su carrera.

En todo ese largo trayecto, que compatibilizó con su trabajo en una explotación ganadera de su propiedad en Villaluz, los títulos no dejaron de llegar, incrementando el tamaño de las vitrinas de su casa. Tres campeonatos de España individuales logrados en los años 95, 98 y 99 y dos por parejas en el 95 y el 99 son los que dieron prestigio nacional al lanzador que vivió el momento más álgido de su carrera cuando se impuso en el Campeonato del Mundo celebrado en Asturias en 1999, sacándose la espina de la final perdida cuatro años antes frente a José Emilio el de Zardaín y sumando este triunfo a otros tres de rango mundial por parejas en 1995, 1996 y 1999.

Trece años después, aún recuerda cómo vivió los días previos a la disputa de una final que suponía para él una segunda oportunidad. «Me pasé ocho días de concentración en Oviedo entrenando todo el día», rememora a pesar de que descarta que tuviera ánimos de revancha. «Sabía encajar las derrotas tan bien como celebrar las victorias», puntualiza.

Aunque el mundial individual fue sólo uno de los cientos de éxitos deportivos del jugador, supuso el primer paso de su elevación a leyenda de un deporte que por aquel entonces vivía una época dorada en cuanto a número de grandes campeones. Su éxito fue reconocido por el Ayuntamiento de Tineo, por los gobiernos regionales de Sergio Marqués y Vicente Álvarez Areces y por la Federación Española, que lo nombró mejor jugador de la historia de la modalidad en 2009. Sin embargo, afirma que el premio que más ilusión le hizo en su día fue la medalla de bronce al mérito deportivo que recibió de manos del entonces ministro Mariano Rajoy. «Estar sentado al lado de deportistas como Di Stéfano, Kubala o Manolo Santana me puso la piel de gallina», declara el tinetense.

De todos modos, asegura que son muchas más las cosas que le han dado los bolos a lo largo de su vida. Si bien es cierto que fue recibido por Juan Carlos I al conseguir el mundial y jugó codo con codo con el Príncipe Felipe durante la entrega del premio de Pueblo Ejemplar a Navelgas en 2003, sus recuerdos más agradables están orientados a otro tipo de actos. «¿Quién me iba a decir a mí que desde Villaluz iba a ir a jugar a los bolos a sitios como México, Buenos Aires o Caracas?», se pregunta el admirado deportista, que no dudaría en volver algún día a visitar a los cientos de amigos que hizo durante sus desplazamientos deportivos.

Es tal la repercusión deportiva y mediática que tuvieron en su día sus principales triunfos que se ha elevado su figura a la de mito del bolo celta, hasta el punto de ser reconocido como mejor jugador de todos los tiempos estando aún en activo. «Es la perfección técnica tanto lanzando como birlando», asegura el presidente de la Federación Española de Bolos y ex campeón del Mundo, José Luis Boto, quien durante muchos años fue compañero de Ronderos. «Gran parte de mi palmarés se lo debo a haber jugado junto a él», asegura un Boto que no escatima en elogios hacia él. «Tuve la gran fortuna de ser vecino y de la misma generación que él», añade el dirigente federativo.

Nostalgias aparte, Mino Ronderos tiene muy claro que aún tiene muchas cosas que hacer en el panorama bolístico y espera volver a pelear este año por estar entre los mejores. «Nunca he bajado del octavo puesto en los regionales y nacionales y mi intención es seguir ahí por muchos años», dice el de Villaluz, sabedor de que para ello tendrá que prepararse a conciencia. «A estas edades hay que cuidarse y jugar con mucha cabeza», indica.

En cuanto a sus rivales, tiene muy claro que los jóvenes Jovino Peláez, compañero de peña de Mino, y Manu Fernández (Peña Compastur) son los principales jugadores a tener en cuenta en la actualidad. «Son unos fenómenos, pero no deben descuidarse», señala a la vez que muestra su opinión sobre ambos. «Manu juega con el corazón, mientras que Jovino lo hace más con la cabeza, por eso este último suele imponerse en las finales entre ambos», reflexiona el veterano deportista, que si las lesiones se lo permiten en los próximos años continuará dando motivos para dejar huella en la memoria de generaciones y generaciones de aficionados bolísticos para los que es considerado todo un referente.

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