07 de mayo de 2012
07.05.2012

El colegio de Tapia alerta de la aparición de nuevas grietas en el edificio

«Desconocemos el ritmo de deterioro del centro, pero necesita una reforma integral», señala la asociación de padres

07.03.2012 | 04:28
Zona señalizada por el riesgo de accidentes.

Tapia de Casariego,


A. M. SERRANO


La dirección del colegio público Príncipe de Asturias de Tapia de Casariego alerta de la aparición de nuevas grietas en la fachada que da al patio del colegio. El centro ha enviado una carta a la Consejería de Educación y Universidades advirtiendo de la situación y, como medida de precaución, ha ordenado señalizar y vallar los alrededores de la zona dañada con el fin de que los escolares no se acerquen.


La Asociación de Madres y Padres (AMPA) tiene previsto reunirse hoy a primera hora «para tratar este tema tan grave y tomar las decisiones que correspondan», en palabras de su portavoz, Begoña González. El centro y los padres luchan desde hace años por mejorar las condiciones diarias de su alumnado. Se quejan de la ausencia de una obra integral para mejorar unas instalaciones «necesitadas de una gran reforma», según su criterio. Las deficiencias del centro son evidentes: no tiene baños, falta aislamiento en puertas y ventanas y los sistemas eléctrico y de fontanería están obsoletos, por lo que generan continuos problemas.


El pasado diciembre la Junta General del Principado, a instancias del Partido Popular, aprobó la inclusión en los presupuestos de este año de una partida para hacer frente a sus carencias. Debería haber sido el primer montante económico para llevar a cabo una «reforma integral». Sin embargo, el rechazo a los presupuestos de Foro y la posterior convocatoria de elecciones autonómicas para dentro de un par de semanas ha dejado el proyecto en el aire.


Entretanto, las familias de los escolares y el centro siguen advirtiendo de la necesidad de acometer mejoras cuando antes, al menos las de más urgencia. La asociación de padres explica que «nos encontramos en una situación de riesgo cada vez mayor. Desconocemos el ritmo de avance del deterioro del colegio y no sabemos qué pasará. No queremos ser alarmistas, pero tampoco se puede mirar a otro lado rogando para que no suceda nada».


Las familias creen que «siempre será mejor un exceso de alarmismo» que lamentar un accidente con daños personales.

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