23 de mayo de 2012
23.05.2012

Vegadeo arropa a los necesitados

Los voluntarios de Cáritas gestionan con ilusión un local que en 2011, por la crisis, incrementó su atención hasta 98 familias l La agrupación aporta, entre otras cosas, comida, vestuario y menaje

23.03.2012 | 04:41

Vegadeo,


T. CASCUDO


Es martes a media mañana y el ropero de Cáritas en Vegadeo está lleno de gente, como si fuera el primer día de rebajas. Pero quienes lo visitan no lo hacen por gusto, sino por necesidad. La crisis ha aumentado la demanda y las voluntarias de la agrupación veigueña lo ven a diario.


La presidenta de Cáritas Vegadeo, Ernestina Fernández, trata de buscar unos zapatos de bebé, mientras Juana María Casteleiro, Belén Hernández y Lourdes Bustelo, tres de las colaboradoras, seleccionan y distribuyen la ropa fruto de donativos. Sólo se quedan con la que está en buen estado ya que, explican, «es fundamental cuidar la dignidad de las personas y lo que no se quiere para uno mismo no se debería dar a nadie». Así que si está sucia, se encargan de lavarla, pero no aceptan prendas rotas o muy deterioradas. Cuando supera el examen, la archivan por tallas para tenerla bien colocada.


Pero en el ropero -que recibe numerosos donativos de los vecinos de la comarca- no sólo se pueden encontrar prendas de vestir; también artículos para el hogar como mantas y sábanas u objetos de menaje como vajilla o potas. Del mismo modo reparten comida a los más necesitados, se ocupan de gestionar medicamentos o productos específicos y ofrecen asesoramiento y apoyo en diferentes campos. «Muchas veces ayudamos a buscar trabajo, somos la mejor oficina de empleo de la zona», bromean. Y todo esto lo logran con un presupuesto anual que ronda los 5.000 euros.


«Se da de comer, se pagan alquileres, se compran electrodomésticos o muebles, gafas para niños, medicamentos... De momento nunca nos vinos en situación de no poder atender algún caso, pero la verdad es que tenemos más trabajo que nunca», reconoce Ernestina Fernández, que se unió a Cáritas «por vocación». Este grupo de voluntarias suple con imaginación y ganas la falta de medios. La clave, dicen, es aprovechar cualquier ayuda y administrarla bien. Y añaden: «No sólo hay que ayudar, sino también educar a la gente para que trate de conseguir cosas, que no se acostumbren a pedir». Es la razón por la que a veces piden aportaciones simbólicas a cambio de ropa u otros artículos y con ese dinero -siempre pequeñas cantidades- compran comida.


El perfil de la gente que llama a su puerta es variado, aunque abundan los inmigrantes y, cada vez más, familias que tienen a todos sus miembros en el paro y necesitan ayuda o comida. Dice Fernández que la prioridad es que no haya ninguna familia con niños en la calle: «Desgraciadamente los niños son los grandes perjudicados de esta situación y gente que nunca pensó en tener que pedir ayuda se ve obligada a hacerlo».


El grupo veigueño atendió el año pasado a 98 familias y a un total de 236 transeúntes. Aunque sigue habiendo gente que no se atreve a reconocer su situación y pedir ayuda: «Conocemos casos de gente que lo está pasando mal y no se atreven a venir. Es complicado para ellos y para nosotros. Aquí tratamos de darles facilidades para mantener su privacidad y si es necesario realizamos la acogida fuera del local», dice Fernández.


Las voluntarias de Cáritas están estrenando un bajo cedido por el Ayuntamiento en la calle Camilo Barcia Trelles, ya que hasta finales de año el ropero estaba en la sacristía de la iglesia veigueña. Desde esta ubicación dan servicio a todos los núcleos que incluye el Arciprestazgo del Eo, es decir, la zona comprendida entre los ríos Eo y Porcía. Atienden al público los martes por la mañana y los viernes por la tarde y la puerta no se le cierra a nadie: «Vengan de donde vengan y sean de donde sean, no miramos credo ni color. Nos dedicamos a atender a los que menos tienen y, a poder ser, con una sonrisa».

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