¿Qué le pasa a la FSA?

Sobre el culebrón en el Ayuntamiento pixueto y otras inconveniencias

01.10.2013 | 01:51
¿Qué le pasa a la FSA?
¿Qué le pasa a la FSA?

Si quiere usted ver bien su época, mírela usted desde lejos. ¿A qué distancia? Muy sencillo: a la distancia justa que le impida ver la nariz de Cleopatra.


Ortega


Cómo no recordar a aquel Alfonso Guerra, aún con ingenio, todavía sin la mácula del grotesco asunto de su hermanísimo con sus memorables cafelitos, preguntándose si el PNV era una congregación mariana? ¿Qué es la FSA? ¿Acaso un club conservador que mima a los suyos, pase lo que pase, que deja hacer hasta el sonrojo como es el caso de Cudillero? ¿Qué es la FSA tras las indelebles huellas despilfarradoras y megalómanas del arecismo? ¿Qué es la FSA a día de hoy dirigida en no pequeña parte por gentes que contaron en su momento con el apoyo de Maese Villa, aunque la memoria es frágil para muchos?


Estamos hablando del partido político que gobernó Asturias desde el 83, salvo el período de Marqués y el brevísimo mandato de Cascos, que no llegó a un año. Parece incontestable, por tanto, que, para bien y para mal, la FSA es la principal responsable del momento político y social que vive Asturias.


Y, entre otros muchos sentimientos encontrados, se percibe que se mira más hacia dentro del partido que hacia las necesidades y afanes de la sociedad. De otro modo no sería fácil explicarse la composición del actual Gobierno de Javier Fernández. Y, sobre todo, sería imposible interpretar en otra clave el apoyo de la FSA a las sucesivas maniobras de la agrupación de su partido en Cudillero, donde la sombra del ex regidor y ex diputado es alargada, sinuosa y llena de espesura.


Sería inconcebible pensar que la FSA desconociese lo que pasaba en sus agrupaciones, máxime si gobernaban el municipio correspondiente, pero, insisto, siempre se miró para otro lado. Por ejemplo, cuando el ex alcalde socialista de Salas se pronunció de tal manera que recibió elogios de Gabino de Lorenzo y Alberto Mortera, tal y como atestiguan las hemerotecas. Por ejemplo, cabe sospechar que en la infamia que se cometió contra Pepe el Ferreiro algo pudo haber influido decisivamente la manifiesta hostilidad del señor Revilla contra el creador del Museo de Grandas de Salime. Y así otros muchos casos. Pero todo el mundo era y es intocable mientras se ganen elecciones.


¿Qué es, pues, la FSA, además de una maquinaria para ganar elecciones y premiar a los suyos? ¿Qué hay de izquierdas, que no sean las siglas, en la ideología y, sobre todo, en las políticas de los dirigentes socialistas asturianos?


A día de hoy, el Gobierno socialista de Asturias es quizás comprensivo en exceso con Rajoy, y, por otra parte, parece indignarse ante el hecho de que Cataluña demande los mismos privilegios fiscales que Navarra y el País Vasco. Cabría preguntarse por qué se es intolerante con unos y complaciente, por omisión, con los otros.


A día de hoy, el Gobierno socialista llariego es muy permisivo con ciertos proyectos empresariales que comportan alarmantes riesgos para el medio ambiente, en lugar de preservar tesoros paisajísticos y naturales que a todos nos pertenecen y que, dentro de tanta incertidumbre, son garantía de futuro.


¿Cómo no preguntarse por el grado de responsabilidad de la FSA tras tantos años de Gobierno en Asturias en el abandono que sufre el Prerrománico, rasgo distintivo universalista, que está muy por encima del «cosmo-paletismo» de algunos que generó tantos despilfarros? ¿Cómo no preguntarse si la FSA tiene un proyecto global para esta tierra que deje atrás la geografía del abandono que sufre el occidente de Asturias, con joyas arquitectónicas como el monasterio de Cornellana amenazando ruina, con tramos de autovía paralizados, con vegas fértiles llenas de matorral y con pueblos ribereños sin saneamiento?


Bien se sabe que no todo depende del Gobierno llariego, lo que no le exime de interesarse por ello y de exigir a las instituciones correspondientes que asuman su cometido.


¿Y qué decir del tremendo complejo del que adolecen los que consideran que el asturiano debe seguir arrinconado, como si decir «figal» significase pertenecer a una ciudadanía de quinto orden, casposa, paleta y pueblerina, y decir «higuera» nos situase a la vanguardia del mundo?


¿Qué se dice a sí misma la FSA al ver que, tras tantos años de sucesivos gobiernos, Asturias pertenece al furgón de cola de una España que la arrincona y la ignora? ¿Con qué mensaje acudirán, desde la intimidad, a sus referentes históricos, a la hora de explicarles la situación en la que viven las comarcas del suroccidente de Asturias que dependieron en los últimos años del empresario Victorino Alonso?


En todo caso, lo grave e inquietante es que, en el caso de Cudillero, dieron un paso más allá de mirar hacia otro lado al presentarse el muy parlante señor Gutiérrez en el Pleno que le otorgó la Alcaldía a un ciudadano que no iba en la lista. Parlante señor Gutiérrez que, como tengo escrito, cada vez que habla el frondoso y proceloso bosque del pensamiento occidental vive auténticos estremecimientos.


El señor Gutiérrez, apoyando cacicadas. La FSA, personada en auténticos esperpentos políticos... ¿Cabe creer que estas buenas gentes nos sacarán del furgón de cola?

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