Benigna y Ángeles, las primeras en Boal

Dos vecinas del concejo estrenan la nueva y ansiada residencia de mayores, que ofrece todo tipo de servicios a los inquilinos

15.02.2016 | 04:09
Benigna Cancio, Laura Rodríguez, María Ángeles Valentín y Paula Fernández, en la residencia de Boal.

Benigna Cancio y María Ángeles Valentín están de estreno. Estas vecinas del concejo boalés han sido las primeras en instalarse en la nueva residencia del municipio, que abrió sus puertas la semana pasada. Aseguran sentirse "muy muy bien" en su nuevo hogar, cerca de sus pueblos y atendidas por personas de la zona. A partir de ahora, y poco a poco, el número de inquilinos de este equipamiento irá aumentando hasta ocupar las 24 plazas de las que dispone, y que vienen a ofrecer un servicio primordial en una zona rural y eminentemente envejecida.

La residencia de mayores de Boal es un proyecto que se ha hecho realidad tras varios años de tramitación y 1,5 millones de euros de inversión. Es una vieja reivindicación de los vecinos. Trece de las plazas las gestiona el Principado y once, el Ayuntamiento.

"Lo primero que queremos conseguir es que se convierta en un lugar agradable para estar, que la vean como su casa, que disfruten y que no trabajen, que se relacionen. La gente mayor en los pueblos tiene muchas carencias", explica Susana Neira, coordinadora del centro. Disponen de todo tipo de servicios, como fisioterapeuta y podólogo.

"Los médicos me aconsejaron no estar sola, porque me desvanezco. Aquí estoy muy bien acompañada. Es una pena que no la abriesen antes, y es necesario un centro de día", reclama María Ángeles Valentín, del pueblo de San Luis. La otra residente, Benigna Cancio, cuenta que se quedó sola en casa hace tres años. "Se me vino el mundo encima, en aquella casa no me arreglaba. Ahora estoy encantada de la vida", asegura esta vecina de Fuentes Cabadas, que toda la vida se dedicó al trabajo en el campo.

La vida en la residencia pasa "entre paseos, partidas de cartas" y mucha conversación. "Nos gusta dar la lengua", reconocen las dos primeras inquilinas, que también tejen y dan uso a los juegos de mesa. A medida que se vayan sumando internos, se irán ofreciendo alternativas de ocio: excursiones, talleres, cursos, baile... Todo lo necesario para hacer la vida más agradable.

La residencia también ha supuesto un balón de oxígeno para la economía local. Está previsto que, a pleno rendimiento, dé empleo a 22 personas. "Con ella hay mucho más trabajo, más salidas para la gente joven", asegura Paula Fernández, enfermera boalesa que ha regresado para trabajar cerca de casa. La considera "muy necesaria porque tenemos una población bastante envejecida".

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