02 de agosto de 2017
02.08.2017

Cangas inaugura un viñedo con cepas seleccionadas genéticamente y tratadas

02.08.2017 | 03:59
Alicia Fernández examina una de las cepas de la plantación madre, ayer, en Cangas del Narcea.

Son las cepas más puras genéticamente y sin enfermedades. Así son las vides que la Denominación de Origen Protegido (DOP) Vino de Cangas ha plantado en una parcela cedida por el Ayuntamiento de Cangas del Narcea para su posterior multiplicación a través de injertos de los que podrán disponer los productores de los caldos suroccidentales.

Se trata de las variedades carrasquín blanco y albarín blanco y, según anunció la directora técnica de la DOP, Alicia Fernández, el año que viene incluirán el albarín negro y verdejo negro en la plantación, ubicada en las antiguas instalaciones de la escuela taller. Y es que la DOP tiene doble objetivo, ya que allí es donde quieren trasladar su sede.

El proyecto de selección clonal comenzó en 2003 con la elección de las cepas entre los viñedos de la DOP que, siguiendo protocolos de trazabilidad para tener todas las plantas identificadas y certificadas, fueron enviadas al Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida), donde fueron sometidas a exámenes para determinar cuál se adaptaba mejor al clima o cuál producía más mediante distintos clones de la misma variedad. El tratamiento, en vivero, derivó en la pureza de la variedad y eliminó los problemas fitosanitarios de las cepas.

Una selección genética que permite ahora tener vides certificadas que comenzarán a multiplicar para su plantación en los viñedos de la DOP Vino de Cangas. "Así se garantiza la pureza de la variedad y sabemos que están libres de virus y hongos, entre otros. Con este campo de cepas madre podemos coger la madera de las podas para realizar injertos y garantizar que siguen siendo cepas certificadas", explica Fernández.

Además, la plantación madre está aislada de otros viñedos para evitar las enfermedades que puedan contaminar las cepas seleccionadas genéticamente. Otro de los requisitos para que el proceso no altere las propiedades de las plantas del vino ha sido elegir un terreno en el que no se haya cultivado vino con anterioridad. Son novecientos metros cuadrados donde hay alrededor de quinientas plantas de las variedades carrasquín y albarín blanco, que fueron plantadas en el mes de mayo. "El objetivo es que los viticultores puedan plantar cepas sanas y garantizadas", resume.

Fernández señala asimismo que la cosecha de este año se prevé buena, ya que las heladas del invierno y la primavera no afectaron a la totalidad del terreno certificado, mientras que sí han arrasado con otras denominaciones de origen como La Rioja o Ribeira Sacra.

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