10 de noviembre de 2017
10.11.2017
Occidente al día

Salas corre por corazones sanos

El Ayuntamiento celebra mañana una carrera solidaria a beneficio de personas con cardiopatías congénitas tras la petición de ayuda del niño Adrián Garrido

10.11.2017 | 04:12

Ana Pérez difícilmente olvidará el día que Adrián Garrido se cruzó en su camino. Fue el año pasado durante la entrega de los dorsales de la segunda carrera solidaria que organizó el Ayuntamiento de Salas. "¿Podéis ayudar a los niños que tienen 'pupa' en el corazón?", le preguntó.

Las palabras de Adrián Garrido, su gesto, su sonrisa y, sobre todo, su conciencia con tan sólo cuatro años de edad despertaron el interés de la concejala de Salas Ana Pérez. Adrián Garrido tiene una cardiopatía congénita y fue operado de esta dolencia en diciembre de 2015, once meses antes de la celebración de aquella carrera solidaria que corrió con ilusión por las calles de Salas.

En su pecho, una gran cicatriz recuerda que fue operado y que podrá tener una vida relativamente despreocupada. Este año, una gran foto de Adrián Garrido anuncia la tercera edición de la carrera solidaria del Ayuntamiento de Salas que se celebrará mañana (11.30 horas). También en esta edición todo lo recaudado se destinará a la Asociación de Padres y Amigos de Cardiopatías Congénitas (APACI). "Es lo menos que podemos hacer", dice Ana Pérez, convencida de que estos eventos despiertan cada vez más la curiosidad y, sobre todo, la motivación para luchar contra la enfermedad.

A través de esta cita solidaria Salas ofrecerá a sus vecinos más información sobre las cardiopatías congénitas. La madre de Adrián conoció la dolencia de su hijo en la segunda ecografía del embarazado. "Esperas que te digan si es niño o niña y te encuentras con esto; aunque los médicos intenten transmitir que no pasa nada tú vives con la preocupación siempre", cuenta. Hoy en día, tras pasar por una intervención quirúrgica Adrián Garrido puede hacer una vida normal. "Si no le ves la cicatriz no te das cuenta de que tiene algo", dice su madre.

Adrián Garrido no tiene una cardiopatía congénita grave y, como fue detectada en el embarazo, afrontar su cura es más fácil. En todo caso, "el miedo siempre está ahí", señala su familia. El pequeño, hoy con cinco años y medio, tiene una válvula más estrecha de lo normal y vive sin ninguna limitación. Por ello corre en las carreras solidarias que se organizan en Salas. El año pasado participó en la prueba que recaudó fondos para la Asociación de Distrofia Muscular de Duchenne y este año volverá a la carga. Su familia y el equipo médico, "dirigido por una cardióloga del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) que es un encanto", han logrado que Adrián Garrido lleve una vida "de niño sano". La Asociación de Padres y Amigos de Cardiopatías Congénitas pide dotar de más recursos a la unidad de transición que ha puesto en marcha el HUCA.

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