17 de noviembre de 2017
17.11.2017
Occidente al día

Luarca crece con Severo Ochoa

El Instituto de Valdés transmite a seiscientos escolares del concejo la "emoción de descubrir" que hacía feliz al premio Nobel

17.11.2017 | 04:02
Alumnos del colegio público San Miguel de Trevías muestran la recreación de una célula en el laboratorio del Instituto de Luarca.

El premio Nobel de Medicina luarqués Severo Ochoa (Luarca 1905-Madrid 1993) fue un investigador apasionado que durante toda su trayectoria insistió en una idea: "Descubrir es emocionante". El Instituto de Valdés que lleva el nombre del bioquímico no quiere olvidar esta idea. Durante toda la semana ha organizado talleres dirigidos al alumnado de los colegios e instituto de Secundaria del concejo con el fin de recordar la tarea de tan entusiasta científico.

"Nuestro objetivo es dar a conocer su trabajo y figura y también acercar el laboratorio a los jóvenes", dice Arturo Llamedo, profesor de Matemáticas del Instituto de Luarca y uno de los impulsores de proyecto.

Ayer, dos investigadoras de la Fundación para la Investigación e Innovación Biosanitaria de Asturias mostraron a alumnos del colegio San Miguel de Trevías qué es una célula y qué fue lo que investigó Severo Ochoa. Para la mayor parte de los escolares era su primera visita a un laboratorio. Sobre la mesa, microscopios y materiales que tratan de acercar a lo niños qué hace un científico en su largo tiempo de trabajo.

"Es importante hablar de Severo Ochoa y hacer experimentos comprensibles a estas edades; así tienen una referencia y entienden un poco mejor de qué va la Ciencia", opina la investigadora Covadonga Huidobro.

Un grupo de entre ocho y nueve años del colegio San Miguel hizo una pulsera con la secuencia genética del color de sus ojos. Antes, escucharon atentos: "Nuestro ADN hace que seamos rubios o morenos, altos o bajos", insistió Huidobro. No fue la única tarea que se realizó en la mañana de ayer en el Instituto de Luarca. Otro grupo creó con plastilina una célula y un tercero de edad más avanzada extrajo el ADN del zumo de guisantes. "Lo mejor es verles la cara", señala Huidobro.

Los talleres son sólo la antesala de lo que organiza el Instituto de Luarca para celebrar el 25.º aniversario de la muerte del premio Nobel de Medicina, una efeméride que se celebrará en 2018. Desde el lunes hasta ayer pasaron por el laboratorio unos 600 alumnos de todo el concejo. El instituto está muy implicado con la tarea de dar a conocer la trayectoria del Nobel.

En el centro cuelgan seis retratos de este bioquímico que para muchos no fue despedido ni tratado en su tierra natal como realmente lo merecía. Y para que todo el que entre en el centro educativo sepa que Severo Ochoa es más que el nombre del instituto, una figura a tamaño real recuerda al premio Nobel. Fue cedida temporalmente por el Parque de la Vida de La Mata y la realizó Juan Villa. También se puede ver una colección privada con manuscritos originales del bioquímico y referencias a su figura, todo propiedad del profesor de Valdés Germán Lorenzo Fernández Rodríguez, "Gelo".

Otro acicate es la colección postal de Orlando Pérez Torres con las imágenes de Ochoa, que recorrieron el mundo a través del correo ordinario. "Todo lo que podemos hacer es poco", dice otra profesora implicada en el homenaje al premio Nobel, Inmaculada Fernández. Ella decidió estudiar Química influida por las visitas que el premio Nobel hizo al Instituto de Luarca. Entonces era una alumna.

Una foto de la colección del profesor Gelo recuerda aquellas imágenes y aquellos momentos en los que el premio Nobel compartía lecciones con los alumnos. "Ya no tenemos esa oportunidad, pero el espíritu de Severo Ochoa sigue aquí", asegura Fernández.

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