JAVIER NEIRA
Pero ¿de dónde vienen nuestros ideales, principios y coordenadas de conducta? Nietzsche se hace esa pregunta y responde acuñando un concepto: pudenda origo, un origen que avergüenza.
Dice que hacemos de necesidad virtud y como lo establecido se hereda y pasa de padres a hijos, cuando alguien afirma que es fiel a sus principios en realidad está indicando que es fiel a los principios de sus tatarabuelos, principios que no eran necesariamente santos, sino, con frecuencia, apaños y autojustificaciones para satisfacer contra todo derecho alguna ambición.
Por eso la moral -la buena moral, la verdadera- requiere de muchas vueltas, exige sortear infinitos escollos, obliga a evitar simplificaciones y las malditas conveniencias. Vamos, que sin mucha razón no hay moral. Por cierto, Nietzsche sospecha también de la razón como cómplice de la moral convenienzuda y apela a la vida. Quizá por eso acabó loco.
El nacionalismo es pudenda origo, un origen que avergüenza ya que aduce derechos sin más apoyo que mitos del tiempo de Maricastaña y sentimientos basados en el rencor de generaciones. No sobra decir que cuando el rencor es añejo pierde cualquier viso de posible razón y se reduce a un sentimiento insano, destructivo y autodestructivo.
Pues bien, ayer el presidente Zapatero se sumó al pudenda origo al declarar sobre el atentado de Barajas que «no hay ningún aspecto que permita decir que ha habido algún error». Lo anotado, señor mío, un origen que avergüenza. Por eso a la ocultación, a la falta de autocrítica sobre el cesto de errores acumulados, ha sumado el engaño al añadir que «este diálogo y este proceso» estaban rotos. Ya lo pillaron en lo mismo durante la rueda de prensa del día 30 -¿este proceso?, ¿y otro?- y sigue con el mismo truco porque no tiene escapatoria. Sí, un pasado y un presente que avergüenzan. ¿Y el futuro?