JAVIER MORÁN
Con tantas autoridades a la vez en el Principado -la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, o Pepe Blanco, secretario de organización del PSOE-, la visita de la titular de Fomento, Magdalena Álvarez, siempre tan esperada, se nos quedó un tanto solapada. De hecho, fue una cita «low profile», como dicen los anglosajones, para inaugurar 14 kilómetros de la autovía occidental, entre Otur y Cadavedo.
Un poco de Autovía del Cantábrico es siempre mucho, como el brandy Magno, pero se nos antoja insuficiente, ya que si ciertos plazos se hubieran cumplido, o no se hubieran caído puentes en construcción, hoy habría mucho más gozo en las autoridades del Principado.
Pero las cosas van despacio, y la Ministra se mostró humilde. Si en la visita anterior, a la obra de los túneles de la variante de Pajares, adoptó el tono cartagenero -¡viva Asturias!, que tendrá el mismo AVE que Barcelona o Sevilla (afirmación falsa)-, esta vez optó por el tono compasivo: pobrecita Asturias, que tantas razones tiene «para reclamar infraestructuras».
Es decir, la Magdalena -ese «la» no es despectivo, sino muy catalán- siente compasión por Asturias, probablemente de manera recíproca a la compasión que los asturianos sentimos por ella, sobre todo cuando se la percibe como un pulpo en un garaje y no con la furia del ministro anterior.
Por cierto, cuentan las crónicas que vecinos y aguerridos del PP colocaron para la inauguración de la Ministra pancartas que decían: «Gracias, Cascos», pero la Benemérita obligó a retirarlas.
Tuvieron suerte estos pancarteros, porque este fin de semana, en Tenerife, un partidario del Frente Polisario increpó a Zapatero durante un mitin y le acusó de venderse a Marruecos por atribuirle al país de Mohamed VI los caladeros del Sahara. Este ciudadano protestón acabó nada menos que en Comisaría, y empapelado, camino del juez. Qué poca compasión con el pueblo saharaui.