LADISLAO DE ARRIBA
Parafraseando a aquel amigo nuestro que aseguraba que a todo el mundo le gusta bailar con las marquesas, yo digo, aquí y ahora, que a todo el mundo le encanta el oro de Moscú.
Las marquesas suelen oler muy bien. Por el contrario, el oro de los rusos (Putin) ha de oler a gas, como el de los tejanos (Bush) huele a petróleo.
El «échame trigo, aunque me llamen gorrión» no parece importar a José María Aznar. Dos veces a ido a la capital de todas las Rusias en poco tiempo. Supongo que dominará la lengua de Dostoievski como domina el inglés de Texas y el catalán de Verdaguer (aunque éste solamente en la intimidad).
El que fue bautizado como «oro de Moscú» tuvo mucho que ver con la guerra civil española, el que ahora se va buscando a la capital de los antiguos zares ignoro con qué ha de estar relacionado, pero ha de ser muy fácil enterarse. Alguien, de sus fieles voceros, dirá que fue a un concierto de balalaicas en el Bolshoi, a una regata de bateles en la Moscowa, a un partido de fútbol del Dinamo, a una cata de vodka o a una carrera de troikas.
Espero que los sabuesos del «holding» mediático mayor (y mejor) de habla hispana nos lo han de contar enseguida.
Yo, después de la foto de las Azores, me figuro cualquier cosa.
¿Se sentaría con los pies en la mesa ¡en el Palacio que mandó construir Iván III! como hizo en el rancho del tejano Bush?
También dijo otro amigo (aunque no coetáneo) que «hay gente pa to».
Pues eso.