ELISABETH FELGUEROSO
o hay vuelta atrás. El calentamiento global sigue avanzando con virulencia por más que Jiménez Losantos se empeñe en vocear desde la Cope que todo es producto de la imaginación de Zapatero. La inconsciencia de los seres humanos como operantes del cambio climático afectará, entre otras cosas, a la cantidad de agua potable, reduciendo drásticamente la apta para el consumo. Tal día nos daremos cuenta de que el petróleo no se bebe y nos echaremos las manos a la cabeza al recordar nuestra impasibilidad ante la deforestación incontrolada, la contaminación irresponsable y demás barbaries en destrucción medioambiental.
En los países en vías de desarrollo la situación es dramática, con el agravante de que muchas políticas y programas al respecto han fracasado, casi siempre, por no tener en cuenta el papel fundamental que ejercen las mujeres en la gestión del agua. Ellas son las encargadas del suministro para el consumo en el hogar y la utilización en tareas agrícolas. A menudo caminan durante horas bajo el sol, soportando el peso de las tinajas que han ido a llenar a muchos kilómetros de sus poblados. Conocen y manejan el agua diariamente, sin embargo, han sido excluidas de la planificación gubernamental. Paradójicamente, según la FAO, los derechos de la mujer sobre el agua son casi inexistentes. En muchos caos, han sido mermados aún más al no tenerse en cuenta la dispar situación de mujeres y hombres en cuanto a derechos de propiedad, salario y trabajo. De ahí que sea fundamental que en todos los ámbitos se trabaje con un enfoque integrado de género. No se puede ignorar a la mitad de la población cometiendo discriminaciones directas e indirectas por doquier. Más aun si tenemos en cuenta que es la mujer quien se encarga del suministro, de recoger y administrar. Nadie como ellas sabe localizar las fuentes potables, preocupándose de evitar que el agua sea contaminada y controlando qué agua es para el riego, cuál para el ganado y la que se puede ingerir sin riesgo de contraer enfermedades como la malaria. Aun así, sigue constituyendo un vehículo transmisor de enfermedades debido a la escasez y baja calidad del líquido.
Solucionar el problema del agua pasa por la educación en un consumo responsable y por involucrar y valorar a las mujeres como agentes principales en la planificación estratégica, dando confianza al poder de las xanas, que llevan tantos siglos manejando los secretos y usos de las fuentes del mundo.