ORLANDO MORATINOS
Como muchos gijoneses, durante años me he visto honrado con la amistad de Dioni Viña. Han sido muchas las charlas, siempre en la calle, que era su oficina, en improvisada tertulia (como nos cuenta Felipe del Campo), sobre Jovino, el Foro, ocurrencias y pequeñas anécdotas de Gijón.
Como muchos gijoneses, fui siguiendo su fatídica enfermedad y, como un mazazo en el pecho, sentí su pérdida; y, como muchos gijoneses, leía sus artículos y colaboraciones en LNE de Gijón y disfrutaba como nadie de su sorna y sarcasmo.
Desde el pasado sábado, muchos gijoneses nos vemos nuevamente honrados por tener el privilegio, junto a los vecinos de los barrios de El Coto y Viesques, gracias al Ayuntamiento de Gijón, de contar con un pequeño trozo de «prau urbano» con el nombre de Dioni Viña. El privilegio es doble para los vecinos de Viesques: van a sentirse mucho más gijoneses, porque desde lo alto de El Coto el nombre de Dioni nos va a imbuir de gijonismo, de tal forma que me atrevería a afirmar que, con este nombre, Viesques aprueba la reválida de «gijoneidad».
Pura coincidencia que al lado del pequeño parque de Dioni Viña se encuentre la calle de Pedro Hurlé, cronista oficial de Gijón.