LADISLAO DE ARRIBA
Personas que parecen quererme bien anduvieron tentándome para que rematara mi gijonismo pronunciando el pregón de las fiestas begoñinas. Y no me atreví, porque siempre tengo presente que Dioni Viña dejó muy alto el listón. Por si fuera poco, uno es consciente de sus limitaciones y olvida que no sé dirigirme a los jóvenes (a la vista del poco éxito que tengo con mis nietos). No me defiendo mal hablando en las sobremesas, pero pésimamente desde los balcones. (Eso lo hacía muy bien Benito Mussolini desde el balcón central de su palacio en Piaza Venezia).
Sería tremenda hipocresía invitar a la danza cuando no me permite bailar la reuma; ni a la pitanza, cuando a mí me lo impide la úlcera; ni al derroche, cuando me lo prohíbe la hipoteca. Lo ha hecho un joven con poder de convocatoria que, además, toca la gaita y que ha inventado un palabro cien por cien gijonés: la Semanona.
A mí no se me hubiese ocurrido, más que la Semanísima (ya se encargaría Victorón Bango de decir que es palabra con resonancias franquistas).
Creo que lo ha hecho bien el joven soplagaitas y le felicito por ello. No es gijonés de nación, pero sí de afición, y me parece muy bien su encargo, pues ya es preciso dejar cancha a los inmigrantes. No conviene olvidar que la Virgen de Begoña también es «foriata», que llegó en una trainera conducida por unos pescadores vascos que venían al bonito.
El joven Hevia finalizó su pregón cantando el Himno de Asturias y la habanera «Esi Gijón de alma». Como músico que es (con categoría mundial) lo habrá hecho afinadamente.
Yo habría desentonado y puede que hasta me olvidase de la letra. Por eso del Alzheimer.