ALBERTO FERNÁNDEZ GRAÍÑO
ada resulta tan patético cuando un igual denuesta e insulta a otro igual, cuando pretende marcar las diferencias y está atrapado en sus mismos defectos y miserias. Eso es lo que está sucediendo en nuestra vida política nacional. Todos se creen diferentes, todos luchan por distinguirse con el resultado irrisorio de hacerse cada vez más iguales cuando aparecen en un acto público o en cualquier conmemoración.
La convivencia en este país sólo se comparte felizmente en dos casos: en ser educados en las presentaciones y los respetos públicos y en la hora de repartirse las prebendas; en lo demás la convivencia es un continuo malestar de despropósitos, ineficacia e indiferencia hacia el ciudadano, salvo en la gestión del voto cautivo, al que hay que subvencionar.
¿En qué cree que es distinta la izquierda a la derecha? ¿Acaso puede la primera culpar de corrupción a la segunda? ¿Acaso la gestión de izquierdas se manifestó y se manifiesta más eficiente? Sólo basta contemplar a algunas autonomías y a la situación económica poco antes del 96 para llegar a la conclusión de que no.
Si miramos y analizamos la historia en todos los países modernos y desarrollados que no tuvieron convulsiones ni conflictos socialmente graves, la izquierda se comportó tan civilizadamente como su derecha. No así en Rusia, Italia, Grecia, Portugal y España.
Sí es cierto que en nuestra historia hubo una derecha desorganizada, ineficiente, soberbiosa y corporativista. ¿Y qué izquierda hubo? Eficiente, no tuvo historia para demostrarlo; corrupta, apuntó maneras y no las deja, y displicente con el pueblo solamente cuando no lo necesita.
Hoy la izquierda, o la que dice llamarse de izquierda, capitaneada por el PSOE echa el lazo a un pasado para diferenciarse de todos los signos de la derecha, sin embargo, la izquierda está en los grandes negocios y maneja los hilos de algunos grandes conglomerados financieros, inmobiliarios y medios de difusión. La dirección del partido socialista está mangoneada de empresarios, sus grandes reuniones y trazos estratégicos son sobre cuestiones empresariales, necesita del dinero como del aire para respirar. Es tan igual a la derecha que cuando la insulta es como si lo hiciese y lo hace a sí misma.
Ahora, con el remate final de la ley de la Memoria Histórica, sí que acaba de hacerla gorda. Pero, sin ir más lejos, los herederos del PSOE en la transición eran todos sociológicamente de derechas y se fue nutriendo de gente de la derecha más corporativista y antidemocrática. Solamente algunos viejos militantes históricos de aquellos tiempos le daban nota tricolor.
En esta «valleinclanesca» España, los de derechas se pasaron a la izquierda y mucha de la izquierda sociológica, como se dice, pasaba de todo; pero la cuestión y lo importante en este juego de espejismos no es lo que uno es, sino lo que hacer creer a los demás. ¿Usted cree que Zapatero, Bono y De la Vega son de izquierdas y que les importa algo la historia y la amnesia de la misma?
Lo único que puede y debe pedirles es que no le den problemas.