Bicicletas

 
Bicicletas
Bicicletas 

EUGENIO SUÁREZ o creo que sean consecuencia del fenómeno meteorológico, pero lo cierto es que, llegada la primavera, las bicicletas menudean por las carreteras y caminos. Nuestra región es buen campo de entrenamiento, con subidas, puertos, llanadas y accidentes geográficos para celebrar, entre sus fronteras, una comprimida representación de este deporte. Dicen que una vez que se aprende, nadie olvida cómo se maneja este trasto y reivindico la afirmación contraria. Aprendí cuando niño y no fue tarea fácil porque lo hice en una ciudad poco preparada para esto como Madrid y en bicicletas de alquiler que tenían mucho de armas homicidas. Pesaban más de treinta kilos y las económicas eran de piñón fijo, que si bien servía de freno, cuesta abajo constituía un riesgo mortal. Mi recuerdo se remonta a los años veinte del siglo pasado y el lugar donde me las procuraban se llamaba El Caballo de Acero, en la calle Antonio Maura, perpendicular al parque del Retiro. Hace poco, intenté un breve paseo en una ligera máquina y vine al suelo como un saco de patatas mal estibado en un burro.

Curiosa su longevidad, cuando parece que ya no sirven para cosa útil, especialmente en las ciudades, cuya extensión y dificultoso tráfico lo hacen casi imposible. Sin embargo, tienen un pasado romántico y hasta intelectual. Hace poco leí un libro sobre el prolífico escritor, humorista, dramaturgo y hombre de amplio talento Tristan Bernard, que vivió hace más de un siglo. Se entrenó al frenesí velocipedístico, no sólo como deporte progresista, sino como negocio, en calidad de creador y director del velódromo Buffalo, en París.

Los dueños de las instalaciones eran un grupo de banqueros y personalidades de primera línea, aunque el alma la representaba aquel gigante, que pedaleaba como un demonio, la larga barba blanca al aire. Era, al tiempo director, organizador, cronometrador, juez de salida y llegada, árbitro y competidor a ratos. A los setenta años cumplidos, en vísperas de la I Guerra Europea, Tristan Bernard actuó como comentarista deportivo, en la rama ciclista, para el prestigioso diario «Paris Soir». 


Otro dato apresurado: entre los habituales de aquél velódromo se encontraba gente tan importante como el político León Blum, que cubrió parte de la historia de su país y Toulouse-Lautrec, el maravilloso enano pintor.


Es el pasado que nadie recuerda. Aparte de los deportistas, los practicantes y quienes utilizan la bicicleta como medio normal de locomoción, entre aldeas, creo que se acerca el fin de este deporte. Para muchos, que dejamos el sillín en la noche de los tiempos, una carrera es algo que se produce en la carretera por donde tenemos que pasar y que la Guardia Civil o los de Tráfico cierran hasta que pasa el último, que supongo que será el que apague la luz.

  HEMEROTECA
      CONÓZCANOS:   CONTACTO |  LA NUEVA ESPAÑA |  CLUB PRENSA ASTURIANA |  PUNTOS DE VENTA |  PROMOCIONES      PUBLICIDAD: TARIFAS| AGENCIAS| CONTRATAR   
Lne.es y La Nueva España son productos de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de La Nueva España. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.


  Aviso legal
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà | El Diari  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya