El caballo de Calígula

18.04.2008 | 02:00

Los nombramientos de ministros que hizo Zapatero -mayor número de mujeres que de hombres- fueron acogidos con reticencia por buena parte de la prensa española, sobre todo el de Carme Chacón como titular de Defensa. Que una mujer de 38 años, embarazada de siete meses, se ponga al mando de los tres ejércitos, les ha parecido a muchos una excentricidad del presidente del Gobierno comparable en su desatino con la decisión del emperador romano Calígula de nombrar cónsul a su caballo. Hay quien lo califica de provocación política, hay quien lo define como un acto de despotismo revestido de falso progresismo, y quien manifiesta una hipócrita inquietud por el hecho de que la señora Chacón se pudiera acoger a la posibilidad legal de disfrutar de una baja por maternidad durante 112 días. Como si la problemática de una ministra de Defensa en estado de avanzada gestación fuera muy distinta del de una juez, una médica o una funcionaria en la misma circunstancia. No obstante, las preguntas de aviesa intención se suceden: ¿Podrá compatibilizar una hipotética situación de emergencia nacional con la atención a su bebé? ¿Afectaría una depresión posparto a la toma de decisiones importantes? ¿Llevará al niño a las reuniones de la OTAN durante el período de lactancia? ¿Le dará el pecho delante del generalato? Y así sucesivamente. En las páginas de «El Mundo», el veterano periodista y académico Luis María Anson lleva el juego de la exageración hasta el punto de especular con que Zapatero habría podido nombrar ministro de Defensa al concejal socialista de Madrid Pedro Zerolo, con lo que pasa del machismo a la homofobia sin solución de continuidad. Y da por seguro que el presidente del Gobierno quiso crear un Ministerio de Relaciones con la Iglesia para poner al frente del mismo al famoso transexual Manolo Fernández, más conocido como Bibi Anderson, aunque este -dice saber- declinó el ofrecimiento. La lista de disparates de ese periódico sobre el mismo asunto incluye un artículo de David Gistau con el ingenioso título «Carmen la del bombo» y otro, del señor Jiménez Losantos, en el que se afirma que el nuevo Gobierno de Zapatero completa el plan masónico para lograr el sometimiento de España a Francia que fue trazado en la época de Napoleón Bonaparte. Nada menos. Pero no sólo tiran con bala desde los medios más hostiles al Presidente porque las baterías de lo que Felipe González llamó una vez «fuego amigo» también le largan varias andanadas cargadas de ironía. Así, en «El País», Miguel Ángel Aguilar, habiendo constatado que el señor Zapatero nombra ministros de acuerdo con criterios de territorio o de género, echa en falta que no se haya escogido para el cargo a una gorda, a un minusválido, a un joven menor de treinta años, a un anciano, a un homosexual o a un mahometano. «Conocer la materia y acreditar experiencia ya no es condición necesaria para ocupar un alto cargo», concluye. En cualquier caso, yo no veo por qué el estado de buena esperanza de la señora Chacón le pueda impedir mejorar la labor de los señores Trillo Figueroa y Bono, tan embarazados ellos de prosopopeya y cursilería patriótica cuando desfilaban ante la tropa. Aquel sí que era un bombo.

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