¿Es el Rey un español igual que los otros?

18.04.2008 | 00:00
¿Es el Rey un español igual que los otros? ¿Es el Rey un español igual que los otros?

José Bono es persona que arrastra tras de sí la polémica, haga lo que haga y sea cual fuere la voluntad que lo impulsa. En su discurso de apertura solemne de la IX Legislatura, en presencia del Rey, el presidente del Congreso de los Diputados dijo: «no ha nacido, ni se espera, el español que valga más que otro». Lo que ha sido interpretado inmediatamente como una descortesía hacia el Monarca y casi, casi, según quien lo haya comentado, en una virtual proclama republicana o republicanista. No acabo de entender tales suspicacias, porque la cosa viene de antiguo. Al fin y al cabo, ya en Santa Gadea Rodrigo Díaz de Vivar hizo jurar al Rey lealtad a los súbditos -cierto que al Rey no le gustó mucho la cosa- apelando a que «Nos, que somos tanto como Vos y, todos juntos, más que Vos...», de modo que la disquisición no es precisamente novedosa.


Pero la cierta polvareda suscitada por la frase de la tercera persona en el protocolo del Estado -hoy encarnada en Bono- muestra hasta qué punto están las susceptibilidades a flor de piel cada vez que se aborda, aunque sea en elipsis, algo que tenga que ver con la Corona. No me extraña, dadas tales sensibilidades, que ninguno de los dos grandes partidos nacionales quiera hacer la menor referencia a una cuestión a mi entender necesaria y urgente: la reforma de la Constitución en lo referente a igualar los derechos del hombre y la mujer en la sucesión al trono. Cierto que esta reforma, debido a un error de los «padres» de la Constitución, se hace especialmente complicada y farragosa, porque necesita, para aprobarla, disolver las cámaras legislativas y convocar un referéndum, que, se teme la clase política, podría convertirse en una especie de plebiscito entre Monarquía y República.


Me proclamo, supongo que «rara avis», monárquico, y ello espero que me legitime a la hora de dirigir algunas críticas a la institución, al tiempo que me concede mayor libertad para opinar sobre cómo debe ser la evolución de la misma para encajar en un futuro inmediato que va a ser muy diferente. El Rey, en efecto, es un español más, aunque goce de privilegios e inmunidades que le hemos concedido los propios españoles, a quienes nos representa. En ese sentido, me parece -estoy seguro de que él también lo piensa- que el futuro Felipe VI tendrá que ganarse el puesto cada día, porque no se concibe en estos tiempos una Monarquía representativa de carácter vitalicio sin un consenso renovado por parte de los ciudadanos, que afortunadamente ya no súbditos.


Supongo que algo de esto quiso decir Bono con la enigmática frase antes citada: el Parlamento es un poder tan importante como los otros definidos por Montesquieu y, al menos, como cualquier otra Institución que, en el orden que sea -la Corona incluida- represente a los españoles. Sabe bien el presidente del Congreso que lo que dice, y lo que está haciendo, quizá porque lo considera necesario, es reivindicar el papel que al Legislativo le corresponde, cuando algunas veces otros poderes han querido restar influencia a la misión de las Cortes.


Puede que ahora no sea ese el caso, pero ya se sabe que la técnica política de Bono consiste frecuentemente en poner la venda antes de la herida. Y siempre a micrófono abierto.

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