María Cristina nos quiere gobernar

 
María Cristina nos quiere gobernar
María Cristina nos quiere gobernar  

FERNANDO JÁUREGUI Está preocupada -por si faltasen preocupaciones- la diplomacia española ante lo que está ocurriendo en algunos países de América Latina. Este fin de semana, unos de los diarios más influyentes de España incluía algunas informaciones que hablaban del mal trato que la presidenta argentina, Cristina Kirchner, da a las grandes empresas españolas allí establecidas: primero fue YPF (Repsol), vendida en parte a un empresario «próximo» a los Kirchner; luego, Aerolíneas, donde Díaz Ferrán, presidente de la CEOE (tan denostada por el matrimonio Kirchner), y su socio Gustavo Pascual mantienen una dura pelea por seguir y no tirar la toalla ante las presiones; ahora, la peculiar presidenta argentina o su marido, quién sabe, ha puesto el ojo en Telefónica, a la que tratan de obligar a cerrar una emisora de televisión, tal vez para poder «actuar» sin que nadie lo denuncie. Pero ¿quién lo va a denunciar, cuando la inseguridad jurídica es la tónica en un país que se va acostumbrando al «milagro» de su recuperación económica y en el que la libertad de prensa ha sufrido no pocos retrocesos?


Luego está lo de Evo Morales, que ha traído inestabilidad sin cuento a su país. Y el caudillo bolivariano de Venezuela, que sigue presumiendo de mantener malas relaciones con España, aunque cada vez lo diga con menos fuerza. Y el ecuatoriano Correa, a quien la semana próxima tendremos en Madrid para una visita oficial «relámpago» en nuestro país, que alberga a casi un millón -se estima- de ecuatorianos. En fin, que se hace más necesaria que nunca una ofensiva diplomática en toda regla, y que no va a bastar con el inminente desplazamiento de Zapatero (y luego, el Rey) a Perú, que es país donde reina una creciente estabilidad, menos mal.


Lo importante ahora es saber cómo van a reaccionar los empresarios españoles ante la fragilidad de algunas de sus inversiones en determinados países latinoamericanos, como los antes citados. Menos mal que las cosas en México marchan viento en popa, que en Colombia se normalizan y que Chile sigue siendo el reducto de cordura que caracteriza a la región. Pero el empresariado español, en su conjunto, dice -y me remito a una encuesta publicada este domingo- que no tiene intención de invertir a corto o medio plazo en América Latina. Que es algo que, teniendo en cuenta que el área natural de expansión de la lengua, la cultura, el ocio y las empresas españolas se encuentra del otro lado del Atlántico, debería ser tomado muy en serio por quien corresponda. A uno y otro lado del «charco», que, a este paso, en lugar de achicarse cada día se puede agrandar un poco más.


Desde aquí puedo anunciar que, por lo que respecta al Gobierno español, la cosa se está tomando bastante en serio. También puedo decir, con conocimiento de causa, que la patronal está seriamente preocupada (no es para menos, cuando uno de los más afectados es el presidente de la CEOE). Y que podrían adoptarse medidas colectivas. Pero, que yo sepa, esta ofensiva hacia los países hermanos de América Latina, con todo lo que implica, nunca ha sido anunciada como prioridad ante esta legislatura socialista que ahora está comenzando. Puede ser otra enorme oportunidad perdida, otra ocasión en la que los sectores más emprendedores de la sociedad civil española se quedan solos, abandonados por su propia Administración. ¿Será esta vez diferente?

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