«¿Quién es esa tía?»

19.05.2008 | 00:00
«¿Quién es esa tía?»
«¿Quién es esa tía?»

«¿Pero es que esta tía (María San Gil) no se ha enterado de que el PP ha cambiado?». Semejante exabrupto anda a medio camino entre la profesión de fe del converso y el cinismo del oportunista. Limitarse uno a hostigar o apedrear al posible progenitor del mismo, D. José María la Salle, sería tanto como intentar cortar la hemorragia con un coladero.


«Esta tía», es decir, doña María San Gil, lleva en las alforjas de su persona millones de votos asegurados. El problema radica en averiguar cuántos podrá aportar esta nueva floración primaveral de conversos.


El fenómeno sociorreligioso de los conversos es una realidad histórica que impregnó nuestra política durante siglos. El converso rechaza el paradigma religioso judío haciendo, a continuación, profesión de fe del modelo cristiano. Este cambio de patrón les abría las puertas a todos los cargos y prebendas que repartían generosamente tanto la Iglesia como el Estado. Pero dado que «la zorra cambia de pelo pero no de costumbres», había muchos que volvían a practicar los ritos de sus mayores. Eran los «marranos».


Sirvan estas disquisiciones para abordar en profundidad el tema que nos ocupa.


María San Gil ha defendido con claridad, valentía y sacrificio los modelos éticos y políticos del PP. Por razones que se escapan a muchos de los afiliados y votantes del Partido Popular, sus dirigentes se convierten a un paradigma que aparentemente nada tiene que ver con los valores que hasta ahora habían defendido. Pero la sorpresa es mayúscula cuando uno de sus líderes, María S. Gil, se mantiene en la «profesión de fe» de sus mayores. La cúpula del PP reacciona exactamente igual que las autoridades político-religiosas de los siglos XVI y XVII. La colocan en la peana de los bienaventurados, le prometen todos los cargos y honores y, por supuesto, afirman una y mil veces que no dudan de su valentía y honradez. Pero dado que no se convierte a los nuevos modelos políticos y que sigue en sus trece, aparecen los oportunistas de turno; antes los llamaban delatores, ahora se encarnan en los cargos y prebendas. Y en ésta estamos. En horas veinticuatro la han trasladado del reino de las musas al infierno de la desconfianza, de la suspicacia y de la discordia. Hay que tener madera de héroe para no sucumbir a esta ingente maquinaria de extorsión.


Pero si permanece firme y continúa su lucha, se topará con cientos y cientos de «marranos» merodeando sus muros, ya que perdido el reino ficticio que se inventaron, tendrán que cobijarse bajo el paraguas seguro que dan los votos. Y éstos los tiene usted en mayor cuantía y calidad que sus detractores.


Los «duros» de un partido no lo son para el partido, sino para los que salen derrotados. Aceptar «ad intra» de una organización política esta distinción, promovida, coreada y repetida machaconamente por el partido del Gobierno, es tanto como darles la victoria aun antes de entablar la batalla.


El poder es uno e indivisible. Sólo uno lo consigue y si no luchas por él a cara de perro, podrás llegar a ser un bienaventurado en el Reino de los Cielos, pero nunca un presidente del Gobierno. Basta con leer, oír y ver las lindezas que los medios afines al Gobierno y los dirigentes políticos le dedican a Mariano Rajoy y al Partido Popular en cuanto se saltan el guión redactado por ellos. Ahora toca «huevos con torreznos» para todos. Sonrisas, todas las del mundo, pero sin olvidar que «arrieros somos y en el camino del poder nos encontraremos».


José Luis Magro, profesor de Filosofía.

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