En blanco y negro Sexto piso

Un Furaco Mansín en Asturias 2008 Por una cuna vacía Basta ya de modernidades Estabilidad emocional frente a ETA

23.05.2008 | 02:00
Un Furaco Mansín en Asturias 2008 Por una cuna vacía Basta ya de modernidades Estabilidad emocional frente a ETA
Un Furaco Mansín en Asturias 2008 Por una cuna vacía Basta ya de modernidades Estabilidad emocional frente a ETA

En mayo de 1968, Francia le dio la vuelta a la tortilla y transmitió al mundo la revolución de Mayo del 68. Revuelta estudiantil, salida de madre, que ocasionó una tiritona al Estado francés y un ataque de pánico a sus partidos democráticos.


Cuarenta años más tarde, en mayo del 2008, en Asturias algunas cosas parece que también se han vuelto del revés. Por las calles de Tarna anda, revolucionariamente suelto, un urogallo, una de las aves más misteriosas y esquivas que existen. Son especie protegida, aunque Manuel Fraga mató uno hace años en una jornada de caza donde, por desgracia, apuntó bien. Anteriormente, y es un hecho histórico, en otra cacería apuntó tan mal -aunque hay opiniones que afirman justamente lo contrario- que dio de lleno en el culo de la hija del mismísimo general Francisco Franco, de quien Fraga era ministro.


Lo han bautizado como «Mansín» (al urogallo, no a Fraga) porque el faisán se muestra tierno y confiado con los vecinos de Tarna, a la vez que despliega su plumaje, gesto de pasión característico que denota su deseo de aparearse. Y es que por lo que se ve, por los frondosos bosques, no hay manera.


Pienso que habría que acudir a Cantabria, que siempre nos ha sacado de estos trances. Hace años, hubo problemas con la reproducción de la ganadería vacuna, y el entonces presidente cántabro, Hormaechea, político independiente afín al PP y que se permitía llamar «Charlotín» a Aznar, nos vendió raciones de semen, para nuestras vacas roxas (rubias). Procedían de un semental americano, de nombre «Sultán» y del que la Administración cántabra, quiero decir, los responsables de su matraqueo, pretendía cuarenta mil dosis de esperma para su distribución. Demasiado, por muy americano que fuese. Por lo que pronto hubo que operarlo de rotura de ligamentos (de rodilla), más tarde y en el momento en que realizaba un salto coital sobre una rubia (roxa) vaca sufrió una luxación (de rótula) que le apartó de sus quehaceres. Mal terminó aquel semental.


Hace poco el actual presidente cántabro, Revilla, nos prestó un oso macho, llamado «Furaco» por ver si acierta con el de nuestras osas «Paca» y «Tola». Pero la cosa va lenta. «Ta Mansín el Furaco», decía una señorina por la tele. «Esti Furaco ye sólo de nombre», añadía su marido. El veterinario del macho agregó ayer, en este periódico, que «el estrés inhibe el celo de las osas». El caso es que la cosa nos ha puesto nerviosos a todos. A ver si, ¡por Dios!, Revilla nos saca de la última frustración sexual animal, encarnada también en «Mansín», el urogallo.


Creo llegada la hora en que el Gobierno en pleno del Principado, revestido de máximo ceremonial, acuda -en procesión laica- a que le pasen el agua a la sombra de algún carbayo de nuestro Paraíso Natural.


No sé si es cuestión de una política sexual mal dirigida o de un calentamiento global no digerido. Pero, ciertamente, corremos el peligro de que la fauna asturiana casque por falta de casquetes.

Hace seis años que tuve la primera noticia de la negativa de un político a limitar el acceso de los medios de comunicación a su vida privada. Cierto que en aquella ocasión las cámaras de televisión y los fotógrafos querían acceder al domicilio del notorio caballero para captar las primeras imágenes de su primer nieto, recién nacido. La escena resultó sumamente curiosa. El citado político vivía en los medios a diario, pero comprendió que una cosa era su vida y otra la del neonato que nada podía decir al respecto. Imagino que aquel hombre pasó por una dura tormenta de ideas para intentar resolver aquel dilema. Pero como al hombre se le daba medio bien lo de enfrentar conflictos, ideó una estratagema que sería infalible y que le permitiría seguir teniendo tratos pasteleros con la prensa, como solía hacer, y a la vez contentar a su hijo y a su muera, celosos guardianes de la intimidad del vástago. Entre todos decidieron que el tema se daría por zanjado si el padre de la patria accedía a fotografiarse al lado de la cuna del niño. Cuna que estaría blanca inmaculada, pero especialmente ¡vacía! Para la ocasión. Y así se hizo, y el gozoso abuelo posó junto a una cunita en la que destacaban un chupete de color azul y unos diminutos zapatitos de charol. Supongo que se trataría de dejar claro de alguna manera que su nuera no había parido un conejo, que la gente es muy mala, mal pensada y tiene poco que hacer en casa.


Al ver el reportaje un luminoso domingo por la mañana, lo primero que pensé fue en el estrepitoso ridículo que habían hecho todos los actores en aquella performance. Pero esto dejé de pensarlo al recordar la adscripción socialdemócrata del pollo fotografiado. Porque de todos es bien sabido que la socialdemocracia, como la democracia cristiana, es una entidad teórica de tal calado moral que ni ridículos ni dobles sentidos tienen cabida en ella.


Esto me vino a la memoria cuando me enteré de que Telma Ortiz, la hermana de la Princesa Letizia, había interpuesto una demanda de auxilio pidiendo que los medios de comunicación se olvidasen de ella. Una demanda razonada, expuesta de forma prudente y educada. La señora Ortiz ha sido objeto de tretas y artificios para robar una foto de su hijo que harían palidecer a muchos padres de familia. Pese a todo, está dispuesta a cargar con la parte alícuota de popularidad que, de rebote, le cayó encima con la buena boda que hizo su hermana Letizia. Permitiría a los medios fotografiarla en esos eventos compartidos. La resolución de la demanda, su desestimación judicial, ha sido interpretada por la prensa amante de la esplacnología como un triunfo en toda regla.


Los mejores teóricos del periodismo se han puesto levemente de parte de sus compañeros de oficio y le han enviado a doña Telma mensajes con cayena y vaselina. ¡Aaaaah! La vida privada, dicen hinchando el tórax. ¡Aaaaah!, ¡qué ingenuidad! ¡Aaaaah!, ¡es la asepsia de los medios! ¡Aaaaah! Ni siquiera los medios deciden qué cosa es y no noticia. Toda una pantomima para esconder que el único lema reinante es ese hipogonadotrófico gritito que dice que «noticia es lo que deciden los medios de comunicación». No hay más.


Y eso porque muchos, bastantes más de doce, pensamos que un periódico debe ser una instancia moral y cultural que dé noticia cierta de lo que sucede en una sociedad.


Aunque Telma haya perdido la demanda, a mucha gente le consta que el control y la tiranía que en la actualidad ejercen los medios de comunicación sobre la vida privada de mucha gente que no desea ser noticia están pidiendo a gritos algún mecanismo de control que se encargue de que un periódico nunca deje de ser un referente moral y cultural.

Existe un dicho que asegura que «si no hago lo que veo, me meo». En Asturias (Patria Querida) vamos a tener Policía Autonómica. Igual que en Cataluña tienen los «mossos d'Escuadra» y la Extzaintza en el País Vasco. ¿Para qué? ¿Tantos delincuentes hay en la Comunidad? ¿Es que no puede con ellos la Guardia Civil? El caso es duplicar los organismos, para que aumente la burocracia, haya más papeles y más puestos de trabajo para enchufar a los compañeros de partido, a los familiares y a los amiguetes.


En el Oviedo, del franquismo, el concejal Vallaure creó un cuerpo municipal de guardias fores-tales para vigilar el Campo de San Francisco, el pueblo les llamó los «vallaurones», a semejanza de los «romanones», aquellos guardias que creó Alvaro de Figueroa, Conde de Romanes.


¿Qué nombre pondremos a la Policía Autonómica de la Comunidad Asturiana? Los gitanos llaman picoletos a los guardias civiles. ¿Usarán montera picona nuestros policías? ¿Calzarán madreñas y escarpines? ¿Se les obligará a entender el bable como el catalán a los «mossos» y el vascuence a los guardias guipuzcoanos, vizcaínos y alaveses? ¿Los llamaremos «pelayinos»?, ¿o «arezones» por Tini Areces?


Existe un desmedido afán por inventar lo que ya está inventado desde la noche de los tiempos.


A la gastronomía contemporánea le ha dado por inventar las tapas. ¿Acaso existe alguna que pueda mejorar un pincho de tortilla, sea la patata, de chorizo, o de escabeche?


Se inventan máquinas para escanciar la sidra, como sino existiesen los «echadores de toda la vida». Se inventan helados con sabor de queso de Cabrales y fabadas desestructuras, estaciones de ferrocarril soterrados, aparcamientos subterráneos... Como dicen los paisanos, ¿cuándo van a quedarse quietos paraos? ¿Por qué no se conforman con lo que ya está inventado desde tiempo inmemorial?

Enfrentarse al terrorismo con eficacia exige renunciar a cualquier tipo de vaivén emocional. La disposición frente a los terroristas tiene que funcionar en los mismos parámetros el día del más brutal atentado y la jornada de las detenciones más significativas. Ni depresión ni euforia. Los desvíos en los estados de ánimo no se los permiten los terroristas. Cambiar la moral en los responsables políticos o en los líderes de opinión según el cariz los sucesos sólo puede conducir a modificar el diagnóstico y a alargar el final de la violencia.


Las detenciones de Burdeos son importantes en sí mismas y también como confirmación de que la receta que se está aplicando ahora es la adecuada. Es cierto que ETA tiene todavía capacidad de regeneración de su tejido organizativo, pero también es cierto que cada vez les es más difícil mantener estanco su aparato de matar de la trama civil que complementa su acción terrorista. Sucesivas desarticulaciones están garantizadas.


Desde el atentado del 11-S en Nueva York y de los que llevó a cabo Al Qaeda en Europa, la vida de los terroristas es mucho más complicada. Llegará un momento, y no falta tanto tiempo, en que la atmósfera de cualquier país europeo no contendrá el oxígeno necesario para que los terroristas puedan respirar porque hay una necesidad existencial de acabar con ellos. Un piso de poco más de cincuenta metros es el chiquero en donde se refugiaba el presunto «número uno» de ETA y ha sido localizado no por fallos de la seguridad de los terroristas sino, sencillamente, porque ya no les quedan casi recursos de ocultación.


Lo importante ahora es no perder de vista que el problema no es el final de la violencia -que está garantizado-, sino la forma en que se produzca. Cualquier medida que permita a estos asesinos volver como héroes al País Vasco sólo garantizará que el problema, más tarde o más temprano, se reproduzca. Ninguna épica para el crimen debiera ser el norte de ningún diseño estratégico.


Es fundamental que quede claro que no existe ningún problema político pendiente que pueda soportar la pretensión de que ETA tenga una naturaleza política. Incluso el léxico es determinante. No deberíamos hablar de «jefe político» sino de «capo de los terroristas» para diferenciarlo de los encargados de la logística del crimen. La mafia también tiene estrategas y jefes que deciden cuándo atacar, pero a nadie se le ocurriría hablar de la dirección política de la Cosa Nostra.


La clave del éxito frente a ETA es un final que garantice que ni los hijos ni los nietos de estos asesinos sientan nostalgia u orgullo de sus progenitores, para que no vuelvan a matar, sencillamente, porque contemplen a sus progenitores como unos monstruos a los que, sencillamente, hay que olvidar.

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