Cuando Juan Costa anunció a su presidente que podría enfrentársele Moteros y guardias civiles Cuando Juan Costa anunció a su presidente que podría enfrentársele Lobos y hombres constitucionales

23.05.2008 | 02:00
Cuando Juan Costa anunció a su presidente que podría enfrentársele Moteros y guardias civiles Cuando Juan Costa anunció a su presidente que podría enfrentársele Lobos y hombres constitucionales
Cuando Juan Costa anunció a su presidente que podría enfrentársele Moteros y guardias civiles Cuando Juan Costa anunció a su presidente que podría enfrentársele Lobos y hombres constitucionales

La dimisión de María San Gil como presidenta del PP vasco y como diputada de este partido en el Parlamento de Vitoria ha sido la gota que ha colmado el vaso. Todos aguardan ahora a ver cuál es el próximo paso en este auténtico culebrón que sacude al principal partido de la oposición en España, un partido con una fuerza de casi diez millones y medio de votos y setecientos veinte mil militantes tras de sí.


Mariano Rajoy está teniendo días muy agitados y complejos: a su entrevista del pasado miércoles, tensa según unos, correcta según otros, fría de acuerdo con otra versión, con María San Gil, aún presidenta del PP vasco, se unió una conversación, «caballerosa» según fuentes informantes, entre el líder del Partido Popular y el ex ministro y diputado por Castellón Juan Costa. Un encuentro en el que este último reconoció a Rajoy que está siendo tentado para que presente una alternativa en el congreso del partido, que se celebra dentro de un mes en Valencia. Los rumores aseguran que Aznar y Rato, cada uno por su lado, figurarían entre los apoyos de Costa, que no ha reconocido explícitamente sus intenciones, y que probablemente no las dará a conocer de modo definitivo hasta este lunes.


Una entrevista «inexistente». Así, ¿acabará presentándose Costa frente a Rajoy en el congreso valenciano? Y, si lo hace, ¿estará apoyado por Rodrigo Rato y José María Aznar, cada uno por su lado -parece que las relaciones entre ambos no se han restablecido del todo-, aunque ambos desde la sombra? Ésas eran dos de las muchas preguntas que circulaban en las últimas horas entre los integrantes del Grupo parlamentario Popular en el Congreso, donde todo era desconcierto, pasilleos y huidas de la prensa. Comenzando por el propio Rajoy, que permaneció el miércoles varias horas encerrado en su despacho de la Cámara Baja, acompañado solamente por sus fieles. Un encierro que provocó no pocas críticas entre los parlamentarios, que, en su mayoría, desconocían entonces siquiera si su presidente se había o no entrevistado con María San Gil, la aún líder del PP en el País Vasco. La propia jefa de prensa del PP, Carmen Martínez Castro, aseguraba desconocer si tal entrevista había o no existido.


La entrevista, claro, existió. Y fue más bien tensa, según todos los indicios, aunque, como antes decía, hay muy diferentes versiones. La más creíble asegura que San Gil no habló de dimisión a Rajoy. Y, aunque no parece que San Gil expresase tajantemente a Rajoy su intención de anunciar inmediatamente esta dimisión, contra lo que filtró algún medio de comunicación a última hora de la mañana del miércoles (algo que fue interpretado por los «marianistas» como una «maniobra del otro sector»), lo cierto es que acabó dimitiendo a las pocas horas: a mediodía del jueves, un comunicado del PP vasco daba la noticia. Que, sin duda, tendrá prontas repercusiones: por ejemplo, figuras como la alcaldesa de Lizarra, Regina Otaola, fiel seguidora de San Gil, podría seguir la misma senda.


Comparecencias de Rajoy. El silencio de Rajoy incrementó los rumores y el malestar palpable en el Grupo parlamentario. Al presidente del PP le critican que no sale a contrarrestar las campañas de bulos y rumores que galopan desbocadas entre los cuadros y bases del PP, difundidas con mayor o menor acierto por los medios de comunicación. Rajoy perdió el miércoles una oportunidad de serenar las aguas, aunque lo cierto es que tiene varias comparecencias previstas para las próximas horas y días: una, en Almería, junto a Javier Arenas; otra, con las Nuevas Generaciones (que, sin embargo, aunque le apoyan con sus 120 compromisarios, no le entregarán el domingo los avales recaudados, hasta conocer si hay otra candidatura) y una tercera, en una entrevista en un importante diario madrileño, que aparecerá este fin de semana.


Tres oportunidades de salir al ruedo a anunciar cosas que podrían ser novedosas. Por ejemplo, qué ocurrirá con los avales ante el congreso valenciano: no faltan afectos al «marianismo» que le piden que suprima estos avales, facilitando así que se presente una candidatura alternativa, con lo que su previsible victoria sería más indiscutible.


El mes que falta para la celebración de este congreso promete ser infernal para un Rajoy que todo indica que está dispuesto a presentar batalla, pese a las presiones de algunos medios -que ejercen una indudable influencia en sectores de votantes del PP- para que se retire. Un dato importante será el de si una segunda candidatura acabará o no presentándose. Juan Costa, ex ministro en tiempos de Aznar y que pasa por ser uno de los «hombres de Rato», es, como antes se decía, el más citado como posible cabeza de una candidatura alternativa. El miércoles, Rajoy telefoneó a Costa, que está intentando recabar apoyos y que le reconoció que está pensando en la posibilidad de concurrir. Lo que, pese a todo, se da como improbable, porque los apoyos que podría reunir el diputado por Castellón serían insuficientes, aun en el caso, poco verosímil, de que Aznar y el propio Rato le mostrasen más o menos explícitamente su apoyo.


(Casi) todos los hombres del presidente. Y, a todo esto, ¿quiénes serían, definitivamente, los «hombres y mujeres» de Rajoy ante la nueva etapa tras el congreso de junio? Todo indica que Esteban González Pons, diputado valenciano, de talante abierto y bien considerado por todos los sectores, será vicesecretario general del PP encargado de temas como la imagen y la comunicación del partido tras el congreso de Valencia. Los nombres del otro vicesecretario general, encargado de organización, y el del propio secretario general, permanecen en la incógnita, aunque se citan mucho los de la castellano-manchega Dolores de Cospedal -que el jueves pronunciaba una muy esperada conferencia en el Club Siglo XXI- y el de la ex eurodiputada y diputada por Madrid Ana Mato, una figura ascendente aunque hasta ahora mantenida «en la reserva».


Las quinielas no se ponen de acuerdo acerca del destino de Alberto Ruiz-Gallardón, pero ya se sabe que el nombre del alcalde de Madrid provoca no poco rechazo en los círculos cercanos a la presidenta de la Comunidad madrileña, Esperanza Aguirre. Y, desde luego, otro nombre «de peso» que sigue sonando como posible secretario general es el portavoz del PP en el Senado, Pío García-Escudero, que igualmente concita bastante consenso, dentro de lo que en estos momentos cabe en el seno del partido.


De momento, y mientras reestructura su equipo, los personajes más cercanos a Rajoy son la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, y los diputados Lassalle y Moragas, los tres nombres contestados por el sector más disconforme con la trayectoria que está siguiendo últimamente el presidente del partido: los acusan de intentar un viraje en el PP a favor de la aproximación a los nacionalistas, de tener escaso peso específico y de ser infieles a las «esencias» tradicionales del PP. Pero el propio presidente fundador, Manuel Fraga, ha dado su apoyo explícito a la corriente más centrista, es decir, a Rajoy, lo que le valió ser tildado nada menos que de «rojo» por algunos asistentes a una concentración a favor de las víctimas del terrorismo el pasado sábado en Madrid, una concentración a la que también asistieron Aguirre, muy vitoreada, y Ruiz Gallardón, bastante abucheado.

Soy motero, señora, qué le vamos a hacer. Me gusta montar en moto desde que tenía siete años y mi padre, motero también, me regaló una Montesa Cota 25, una motocicleta infantil que ha devenido en legendaria. Igual un día semejante regalo, que a mí se me antojó el mejor de todos, se considera tan delictivo como llevar a los críos a los toros o dejarles jugar con una pistola. Pero para bien o para mal, ese juguete de gasolina me inoculó de forma incurable el virus del viento en la cara.


El lunes pasado, camino de Le Mans, subía por la carretera de montaña que lleva de Pamplona a Jaca. Llovía suavemente. Entre los claros de unas nubes esponjosas asomaba un tibio sol que hacía brotar aquí y allá destellos verdes en el bosque. Al costado de la vía discurría un riachuelo alegre. Me cruzaba con otros congéneres y nos saludábamos con esa camaradería tribal, incomprensible para los automovilistas. En definitiva, yo era un hombre feliz con mi libertad bien guardada en las alforjas de una GS 1200. Entonces ocurrió. La rueda trasera patinó sin motivo en una curva fácil, el asfalto nos escupió con asco, la moto venció hacia el lado derecho y los dos fuimos arrastrándonos hasta cruzar la carretera.


Afortunadamente, el quitamiedos era un murete de piedra. Sentí un impacto en el hombro izquierdo y quedé tendido en el suelo. El golpe fue tan violento que me sacó todo el aire del cuerpo. El coche que venía en dirección contraria pudo frenar y no me arrolló. Pararon varias personas al ver el estropicio. Me incorporé sin saber si estaba entero o inválido de por vida. Me preguntaban si sabía qué día era. «Claro que lo sé», contesté, «el primero del resto de mi vida». Las protecciones del traje de cordura me habían salvado de unas gravísimas lesiones. El casco, el pantalón, la chaqueta, todo tenía marcas y huellas del accidente. La moto, destrozada y vomitando aceite, aún rugía como un animal herido. Alguien le cortó el encendido y llamó a la Guardia Civil.


Los jóvenes guardias me atendieron con sincera preocupación. «¿Estás bien? Ahora viene la ambulancia. Nosotros nos hacemos cargo de tus cosas. ¿Sabes qué ha pasado?» No, yo no sabía que había pasado, sólo sabía que si en lugar de a la derecha me hubiese ido de lado , ahora mismo estaría muerto o gravemente mutilado, porque ahí el quitamiedos era de pivotes de metal. «Yo te diré lo que ha pasado», me dijo el guardia, «y así constará en las diligencias. Has pisado una flecha pintada en el suelo». Entonces comprendí. Había estado a punto de morir por la indiferencia de una Administración ciega y sorda. Por si no lo sabe, señora, con agua, la pintura blanca es deslizante; es una trampa mortal, una lotería para cualquiera que no vaya bien metido entre chapa y sobre cuatro ruedas.


El martes desperté en una cama de hotel, con el cuerpo dolorido, sin vehículo, y con la amarga sensación de que mi vida no le importaba a unos señores que gastan mucha saliva diciendo que nos sancionan por nuestro bien, que los puntos, los radares, las campañas de publicidad sirven para evitar muertes. Iba camino de la Casa Cuartel de Jaca, dispuesto a dejar constancia de mi agradecimiento y lo hacía pensando en lo estúpido de pintar las carreteras y no gastarse cuatro perras en unos guardarraíles que no sean guillotinas. Pasé delante de un quiosco y entonces me enteré. Unos hijos de puta habían puesto un coche bomba delante de otra Casa Cuartel, la de Legutiano. Habían matado a otro joven guardia que bien podía ser cualquiera de los muchos que velan por nosotros en las carreteras y pueblos de esta España nuestra tan maltratada.


Me di la vuelta, dejé en el aire un triste pésame y me llevé la certeza de que por ahí andan muchos ciegos y sordos a los que las vidas ajenas no les importan más que para reforzar sus propios prejuicios e intereses.


Ya podían ellos ser los que se dieran de una vez contra el quitamiedos de nuestra entereza.

La dimisión de María San Gil como presidenta del PP vasco y como diputada de este partido en el Parlamento de Vitoria ha sido la gota que ha colmado el vaso. Todos aguardan ahora a ver cuál es el próximo paso en este auténtico culebrón que sacude al principal partido de la oposición en España, un partido con una fuerza de casi diez millones y medio de votos y setecientos veinte mil militantes tras de sí.


Mariano Rajoy está teniendo días muy agitados y complejos: a su entrevista del pasado miércoles, tensa según unos, correcta según otros, fría de acuerdo con otra versión, con María San Gil, aún presidenta del PP vasco, se unió una conversación, «caballerosa» según fuentes informantes, entre el líder del Partido Popular y el ex ministro y diputado por Castellón Juan Costa. Un encuentro en el que este último reconoció a Rajoy que está siendo tentado para que presente una alternativa en el congreso del partido, que se celebra dentro de un mes en Valencia. Los rumores aseguran que Aznar y Rato, cada uno por su lado, figurarían entre los apoyos de Costa, que no ha reconocido explícitamente sus intenciones, y que probablemente no las dará a conocer de modo definitivo hasta este lunes.


Una entrevista «inexistente». Así, ¿acabará presentándose Costa frente a Rajoy en el congreso valenciano? Y, si lo hace, ¿estará apoyado por Rodrigo Rato y José María Aznar, cada uno por su lado -parece que las relaciones entre ambos no se han restablecido del todo-, aunque ambos desde la sombra? Ésas eran dos de las muchas preguntas que circulaban en las últimas horas entre los integrantes del Grupo parlamentario Popular en el Congreso, donde todo era desconcierto, pasilleos y huidas de la prensa. Comenzando por el propio Rajoy, que permaneció el miércoles varias horas encerrado en su despacho de la Cámara Baja, acompañado solamente por sus fieles. Un encierro que provocó no pocas críticas entre los parlamentarios, que, en su mayoría, desconocían entonces siquiera si su presidente se había o no entrevistado con María San Gil, la aún líder del PP en el País Vasco. La propia jefa de prensa del PP, Carmen Martínez Castro, aseguraba desconocer si tal entrevista había o no existido.


La entrevista, claro, existió. Y fue más bien tensa, según todos los indicios, aunque, como antes decía, hay muy diferentes versiones. La más creíble asegura que San Gil no habló de dimisión a Rajoy. Y, aunque no parece que San Gil expresase tajantemente a Rajoy su intención de anunciar inmediatamente esta dimisión, contra lo que filtró algún medio de comunicación a última hora de la mañana del miércoles (algo que fue interpretado por los «marianistas» como una «maniobra del otro sector»), lo cierto es que acabó dimitiendo a las pocas horas: a mediodía del jueves, un comunicado del PP vasco daba la noticia. Que, sin duda, tendrá prontas repercusiones: por ejemplo, figuras como la alcaldesa de Lizarra, Regina Otaola, fiel seguidora de San Gil, podría seguir la misma senda.


Comparecencias de Rajoy. El silencio de Rajoy incrementó los rumores y el malestar palpable en el Grupo parlamentario. Al presidente del PP le critican que no sale a contrarrestar las campañas de bulos y rumores que galopan desbocadas entre los cuadros y bases del PP, difundidas con mayor o menor acierto por los medios de comunicación. Rajoy perdió el miércoles una oportunidad de serenar las aguas, aunque lo cierto es que tiene varias comparecencias previstas para las próximas horas y días: una, en Almería, junto a Javier Arenas; otra, con las Nuevas Generaciones (que, sin embargo, aunque le apoyan con sus 120 compromisarios, no le entregarán el domingo los avales recaudados, hasta conocer si hay otra candidatura) y una tercera, en una entrevista en un importante diario madrileño, que aparecerá este fin de semana.


Tres oportunidades de salir al ruedo a anunciar cosas que podrían ser novedosas. Por ejemplo, qué ocurrirá con los avales ante el congreso valenciano: no faltan afectos al «marianismo» que le piden que suprima estos avales, facilitando así que se presente una candidatura alternativa, con lo que su previsible victoria sería más indiscutible.


El mes que falta para la celebración de este congreso promete ser infernal para un Rajoy que todo indica que está dispuesto a presentar batalla, pese a las presiones de algunos medios -que ejercen una indudable influencia en sectores de votantes del PP- para que se retire. Un dato importante será el de si una segunda candidatura acabará o no presentándose. Juan Costa, ex ministro en tiempos de Aznar y que pasa por ser uno de los «hombres de Rato», es, como antes se decía, el más citado como posible cabeza de una candidatura alternativa. El miércoles, Rajoy telefoneó a Costa, que está intentando recabar apoyos y que le reconoció que está pensando en la posibilidad de concurrir. Lo que, pese a todo, se da como improbable, porque los apoyos que podría reunir el diputado por Castellón serían insuficientes, aun en el caso, poco verosímil, de que Aznar y el propio Rato le mostrasen más o menos explícitamente su apoyo.


(Casi) todos los hombres del presidente. Y, a todo esto, ¿quiénes serían, definitivamente, los «hombres y mujeres» de Rajoy ante la nueva etapa tras el congreso de junio? Todo indica que Esteban González Pons, diputado valenciano, de talante abierto y bien considerado por todos los sectores, será vicesecretario general del PP encargado de temas como la imagen y la comunicación del partido tras el congreso de Valencia. Los nombres del otro vicesecretario general, encargado de organización, y el del propio secretario general, permanecen en la incógnita, aunque se citan mucho los de la castellano-manchega Dolores de Cospedal -que el jueves pronunciaba una muy esperada conferencia en el Club Siglo XXI- y el de la ex eurodiputada y diputada por Madrid Ana Mato, una figura ascendente aunque hasta ahora mantenida «en la reserva».


Las quinielas no se ponen de acuerdo acerca del destino de Alberto Ruiz-Gallardón, pero ya se sabe que el nombre del alcalde de Madrid provoca no poco rechazo en los círculos cercanos a la presidenta de la Comunidad madrileña, Esperanza Aguirre. Y, desde luego, otro nombre «de peso» que sigue sonando como posible secretario general es el portavoz del PP en el Senado, Pío García-Escudero, que igualmente concita bastante consenso, dentro de lo que en estos momentos cabe en el seno del partido.


De momento, y mientras reestructura su equipo, los personajes más cercanos a Rajoy son la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, y los diputados Lassalle y Moragas, los tres nombres contestados por el sector más disconforme con la trayectoria que está siguiendo últimamente el presidente del partido: los acusan de intentar un viraje en el PP a favor de la aproximación a los nacionalistas, de tener escaso peso específico y de ser infieles a las «esencias» tradicionales del PP. Pero el propio presidente fundador, Manuel Fraga, ha dado su apoyo explícito a la corriente más centrista, es decir, a Rajoy, lo que le valió ser tildado nada menos que de «rojo» por algunos asistentes a una concentración a favor de las víctimas del terrorismo el pasado sábado en Madrid, una concentración a la que también asistieron Aguirre, muy vitoreada, y Ruiz Gallardón, bastante abucheado.

En esta España diversa y plural «según mandato constitucional» como decía el carismático presidente Felipe González, hoy con flamante cargo en la Europa de los pueblos y de los territorios, no solo nos hicimos más diversos y plurales los ciudadanos, también la fauna salvaje está impregnada del nuevo movimiento por la identidad, sobre todo los lobos, que ahora vuelven por sus fueros.
La vida del hombre que habitaba estas tierras hace muchos años tenía unas pautas de comportamiento propias del lobo, el otro cazador social por excelencia. Todos sabemos que una manada de lobos se rige por esquemas de jerarquía que estratifican el grupo social, como ocurre en las sociedades humanas. Si el hombre es inteligencia, el lobo es instinto, y ambas son especies cazadoras, sociales y oportunistas. El lobo y el hombre tenían y aún tienen mucho en común.
En los tiempos que corren en las Españas, las competencias sobre la fauna salvaje están transferidas a las comunidades autónomas, como ocurre con los sistemas educativos, que son todos diferentes y hasta contradictorios, y como ocurre con la sanidad o la fiscalidad, que hay tantas como comunidades, y se llega a marginar, cuando no a prohibir, el imperialista idioma español en algunas de esas comunidades o naciones. El estatus de protección legal del lobo es también diverso y plural, ya que existen muy diferentes modelos. Sí hay que decir que Asturias fue la primera Comunidad Autónoma que hizo un plan de gestión del lobo. El convenio relativo a la conservación de la vida silvestre y del medio natural en Europa considera al lobo especie estrictamente protegida, pero el llamado Estado español, al ratificarlo en 1986, hace una reserva para permitir un cierto tipo de explotación mientras se mantengan las poblaciones en estado de conservación favorable. En general, al sur del Duero el lobo está protegido, aunque también hay excepciones. Por el contrario, al norte del Duero el lobo puede ser sometido a planes de gestión y puede ser especie cinegética. Aunque con legislación diferente, el lobo se puede cazar en Galicia, Cantabria, La Rioja y, aunque queden muy pocos, en el País Vasco, y en Castilla y León, donde están más de la mitad de los lobos que hay en la península Ibérica, y no se puede cazar ni en Andalucía ni en Extremadura, ni tampoco en la Castilla al sur del Duero. El lobo en Asturias no es especie cinegética pero tampoco está incluido en el catálogo regional de especies amenazadas de la fauna vertebrada del Principado de Asturias. En consecuencia, la situación legal del lobo en Asturias viene establecida por el marco general de protección, a la espera de la creación de una categoría en la que se puedan incluir las especies que requieran determinadas medidas para su conservación.
El llamado Estado autonómico, además de romper los conceptos de ciudadanía compartida de los españoles y de enaltecer como señas de identidad en muchas ocasiones al patetismo más atroz, pero fuertemente subvencionado, han convertido a la vieja y sufrida España en un conjunto de reinos, con boato de reyezuelos, con pléyades de varones ilustres y cantidades ingentes de funcionarios, y son un inmenso, maravilloso e inagotable pesebre. Esta es la España constitucional que «nos dimos a nosotros mismos», según reza la propaganda oficial, y ahora los nuevos estatutos se manifiestan insaciables frente a un Estado cobardón y cada vez más reducido. Pero dos de cada tres andaluces no fueron a votar su nuevo Estatuto y el catalán sólo fue aprobado por la tercera parte de los catalanes. Hombres y lobos seguimos siendo muy parecidos, aunque eso sí, en la diversidad. Menos mal que ahora tenemos ministra de Igualdad.

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