La cacería

26.05.2008 | 00:00
La cacería
La cacería

A penas diez personas acudieron el sábado a la segunda concentración contra «la traición» de Rajoy convocada por móvil. A la que se convocó el día anterior a favor de María San Gil, poco más de doscientas. Lo ridículo de las cifras me parece una muestra del buen sentido de los ciudadanos que el PP conseguía movilizar por centenares de miles en cada una de las convocatorias que efectuó en la pasada legislatura contra la negociación del Gobierno con ETA. Si ésta es toda la contestación de las «bases» que logran movilizar los críticos de Rajoy, es natural que no se atrevan a presentar una candidatura alternativa para disputarle el liderazgo en el congreso de junio. Dicen que «el aparato» es lo que les impide reunir los seiscientos avales precisos. ¿No será que son dos y el del tambor?


Los «aparatos» de los partidos políticos están pensados para laminar a los discrepantes, y el del PP no es una excepción. Es verdad que reunir seiscientos avales con el «aparato» en contra no es fácil, pero imposible, en mi opinión, sólo es lo que ni siquiera se intenta. Ninguno de los críticos de Rajoy ha intentado siquiera conseguir esos seiscientos avales, que, aunque dicho de un tirón parecen muchos, representan un apoyo equivalente al 20 por ciento de los compromisarios. Esto lo primero que cuesta entender. En los tiempos más duros de la anterior legislatura, los militantes del PP han acreditado una capacidad de movilización en defensa de sus principios y de sus convicciones verdaderamente asombrosa. Si de lo que ahora se trata, como dicen los críticos, es de impedir que Rajoy traicione esos principios y esas convicciones, ¿por qué dudan de que ni siquiera el 20 por ciento del partido les ayude a impedirlo?


El daño, en mi opinión, ya está hecho. Sea o no Rajoy el próximo líder del PP, le costará mucho remontar esta brutal pérdida colectiva de credibilidad. Pero, ¿qué ideas son las que ha traicionado Rajoy, en qué ha cambiado? Creo que esto es lo primero que deberían explicar sus críticos a los militantes; e inmediatamente después, dar la cara y conformar una candidatura para intentar disputarle el liderazgo en buena lid. Porque en política las cosas son lo que parece que son, y lo que hasta ahora parece es que todo este ruido no es más que una sucia caza del hombre, sin más «idea» que ocupar su sillón, ni más respaldo que un puñado de militantes.

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