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Crítica y autocrítica del periodismo (y 2)

La rendición

 
La rendición
La rendición  

XUAN CÁNDANO Es dudoso que la sentencia del «caso Telma Ortiz» sea una buena noticia para el periodismo. Bien está que rechace la censura previa, pero mal la legitimación que supone para el amarillismo. Es una pena que la estrategia de su abogado haya sido tan desafortunada, porque en caso contrario es improbable que prosperase esa barbaridad de considerar a una ciudadana normal una persona pública sin derecho a la intimidad, sólo por ser hermana de una señora que accedió a la notoriedad.



Pero al menos la denuncia ha abierto un debate que se echaba en falta en la profesión periodística, porque lo demandaba la sociedad. O nos autorregulamos o nos regulan, lo que siempre será peor, conociendo al poder político y sus tentaciones.



Ha quedado claro que quien persigue, acosa y hasta provoca a algunos ciudadanos, indagando en su vida privada, no es periodista ni informador, por mucho título que tenga. Pero habría que ir un poco más adelante en la reflexión, porque no es ésta la única hemorragia que padece el enfermo periodismo de la modernidad, al que algunos ya han expedido el certificado de defunción.



La crisis de esta profesión, que nació con el romanticismo y cada vez está más azotada por el vil materialismo, afecta ya a su propia identidad. Hoy en las empresas informativas podemos distinguir a redactores de periodistas, dos términos que antes eran sinónimos. Periodista es el que, como corresponde al código genético de este oficio, elabora informaciones novedosas. Redactor es el que simplemente escribe, dando forma a lo que paren los gabinetes de prensa o los que convocan las ruedas de prensa, generalmente políticos. Redactores son ya la mayoría de los profesionales. El periodista pertenece a un género en extinción.



Nos hemos convertido en grabadoras con patas, amanuenses silenciosos que ya ni interrogan en las ruedas de prensa, donde muchas veces no se consienten las preguntas. La Asociación de la Prensa de Sevilla, que se ha puesto a la cabeza de la autocrítica en el sector y de los necesarios llamamientos a la regeneración, sí se pregunta en voz alta:



«Sería interesante que las organizaciones profesionales promoviesen un análisis sobre cómo la información es manipulada a lo largo de los canales antes de llegar a los periodistas. Caerían muchos velos sobre la llamada sociedad de la información y la ciudadanía en las sociedades democráticas».



Se justifica a menudo la crisis de la profesión periodística y la docilidad de las generaciones más jóvenes por el intrusismo y las pésimas condiciones laborales. Es cierto que debe ser la única carrera universitaria donde el título no sirve para nada y cualquiera puede ejercer el periodismo, y además internet ha convertido a todos los internautas en potenciales informadores. También lo es que poca responsabilidad ni actitud se puede pedir a quien trabaja mucho, mal ( siempre con prisa) y cobrando una miseria. En Asturias, el 37 por ciento de los periodistas cobra menos de novecientos euros al mes, el 24 por ciento tienen contratos temporales y el 18 por ciento ninguna vinculación laboral con sus empresas.



Pero probablemente la precarización, y hasta la explotación en muchos casos, no sea la causa de la crítica situación del periodismo, sino la consecuencia de la falta de firmeza de los profesionales. El mítico estadounidense Seymour Hersh, una leyenda viva del periodismo, hace incluso una lectura contraria de la relación entre el dinero y la falta de pulso de las redacciones. Con sus compañeros es tan implacable como con los dirigentes políticos de su país:



«No entienden nada; hace cincuenta años eran de clase trabajadora, no iban a la Universidad, sabían lo que le importaba a la gente; ahora están muy bien pagados, viven en otro mundo: ser periodista hoy es una profesión elitista».



La veda de la autocrítica también se ha levantado en España y el presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa, el periodista de periodistas Fernando González Urbaneja, pide que se extienda a toda la profesión, como las buenas noticias lo hacen por toda la sociedad:



«Somos poco autocríticos. Tenemos resistencia a las rectificaciones. Si no somos generosos en la rectificación es porque somos inseguros y presuntuosos».



Algunos periodistas han tomado buena nota y se han puesto a redactar propuestas para la regeneración del colectivo. La Asociación de la Prensa de Sevilla las ha enviado públicamente a la profesión, a las instituciones y a las empresas, tras un duro análisis autocrítico donde se denuncia la adulteración de la información y se pueden leer precisiones como ésta:



«El problema no es sólo de la fuerza de las instituciones sino también de la pasividad de los profesionales. Nos encontramos ante una rendición de los periodistas, una renuncia a tener la iniciativa».

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