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El «raca raca» de Ibarretxe

 03:07  
El «raca raca» de Ibarretxe
El «raca raca» de Ibarretxe 

JOSÉ CAVERO De ese modo, raca raca, vienen llamando sus adversarios políticos, pero también los humoristas, la insistencia del lendakari Ibarretxe en sus estribillos permanentes: primero, el «plan Ibarretxe», y, segundo, la consulta popular sobre el futuro de Euskadi. Las dos cuestiones están básicamente relacionadas, o son coincidentes: Ibarretxe se obstina en seguir adelante con ambos proyectos, «caiga quien caiga» y aunque la víctima pueda ser él mismo.

Desde luego, la reacción que ha seguido al anuncio, serio y formal, del lendakari, con todo su Gobierno detrás, de llegar al Parlamento vasco las dos preguntas que proyecta realizar a los vascos y vascas ha sido la esperable: su tripartito la apoya, tal vez sin fisuras visibles, pero con variado entusiasmo. En el seno del PNV no es probable que se haga pública ninguna nota discordante. Tampoco la dará, verosímilmente, la Izquierda Unida vasca, que ya hace tiempo que va por libre y al margen de lo que piensa la IU de Llamazares, ya de por sí bastante «desestructurada» y en crisis.

Hay unanimidad en considerar que, dado el empate que se produce en el Parlamento vasco entre, por un lado, PP y PSOE, y, por otro, los partidos «vasquistas», incluida la Esker Batua-IU, todo está en manos del PCTV o EHAK. Lo que determine el partido batasuno será lo que «vaya a misa», o, lo que es lo mismo, el lendakari y sus planes de futuro, pasando por la consulta, será lo que vaya a misa. Lo que determine ETA, ni más ni menos, que es la gran ausente, la ignorada, salvo en la mención que se hace al final de la violencia, un final indudable e inequívoco.

Dicho de otro modo, Ibarretxe quisiera recomponer el final dialogado: si falló con el Gobierno de la nación, aspira ahora a que se recomponga con el auspicio y patrocinio del Gobierno vasco, algo bastante imprevisible. ETA tiene escasa confianza en las «atribuciones y competencias» del PNV y de Ibarretxe, y conoce bastante bien el débil apoyo con el que cuenta en su propio partido y en la sociedad vasca. No digamos ya en el Gobierno del Estado, en el que está clara la decisión de recurrir al Constitucional para pararle los pies al osado lendakari. Únicamente esa obstinada resistencia a la autoridad central pudiera estimular a los etarras y a sus socios «de la trama civil» para dar su apoyo a los planes de Ibarrretxe, ahora concretados en los cuarenta y cinco segundos que se tarda en leer y conocer las dos preguntas de la consulta...

De ese modo, raca raca, vienen llamando sus adversarios políticos, pero también los humoristas, la insistencia del lendakari Ibarretxe en sus estribillos permanentes: primero, el «plan Ibarretxe», y, segundo, la consulta popular sobre el futuro de Euskadi. Las dos cuestiones están básicamente relacionadas, o son coincidentes: Ibarretxe se obstina en seguir adelante con ambos proyectos, «caiga quien caiga» y aunque la víctima pueda ser él mismo.

Desde luego, la reacción que ha seguido al anuncio, serio y formal, del lendakari, con todo su Gobierno detrás, de llegar al Parlamento vasco las dos preguntas que proyecta realizar a los vascos y vascas ha sido la esperable: su tripartito la apoya, tal vez sin fisuras visibles, pero con variado entusiasmo. En el seno del PNV no es probable que se haga pública ninguna nota discordante. Tampoco la dará, verosímilmente, la Izquierda Unida vasca, que ya hace tiempo que va por libre y al margen de lo que piensa la IU de Llamazares, ya de por sí bastante «desestructurada» y en crisis.

Hay unanimidad en considerar que, dado el empate que se produce en el Parlamento vasco entre, por un lado, PP y PSOE, y, por otro, los partidos «vasquistas», incluida la Esker Batua-IU, todo está en manos del PCTV o EHAK. Lo que determine el partido batasuno será lo que «vaya a misa», o, lo que es lo mismo, el lendakari y sus planes de futuro, pasando por la consulta, será lo que vaya a misa. Lo que determine ETA, ni más ni menos, que es la gran ausente, la ignorada, salvo en la mención que se hace al final de la violencia, un final indudable e inequívoco.

Dicho de otro modo, Ibarretxe quisiera recomponer el final dialogado: si falló con el Gobierno de la nación, aspira ahora a que se recomponga con el auspicio y patrocinio del Gobierno vasco, algo bastante imprevisible. ETA tiene escasa confianza en las «atribuciones y competencias» del PNV y de Ibarretxe, y conoce bastante bien el débil apoyo con el que cuenta en su propio partido y en la sociedad vasca. No digamos ya en el Gobierno del Estado, en el que está clara la decisión de recurrir al Constitucional para pararle los pies al osado lendakari. Únicamente esa obstinada resistencia a la autoridad central pudiera estimular a los etarras y a sus socios «de la trama civil» para dar su apoyo a los planes de Ibarrretxe, ahora concretados en los cuarenta y cinco segundos que se tarda en leer y conocer las dos preguntas de la consulta...

De ese modo, raca raca, vienen llamando sus adversarios políticos, pero también los humoristas, la insistencia del lendakari Ibarretxe en sus estribillos permanentes: primero, el «plan Ibarretxe», y, segundo, la consulta popular sobre el futuro de Euskadi. Las dos cuestiones están básicamente relacionadas, o son coincidentes: Ibarretxe se obstina en seguir adelante con ambos proyectos, «caiga quien caiga» y aunque la víctima pueda ser él mismo.

Desde luego, la reacción que ha seguido al anuncio, serio y formal, del lendakari, con todo su Gobierno detrás, de llegar al Parlamento vasco las dos preguntas que proyecta realizar a los vascos y vascas ha sido la esperable: su tripartito la apoya, tal vez sin fisuras visibles, pero con variado entusiasmo. En el seno del PNV no es probable que se haga pública ninguna nota discordante. Tampoco la dará, verosímilmente, la Izquierda Unida vasca, que ya hace tiempo que va por libre y al margen de lo que piensa la IU de Llamazares, ya de por sí bastante «desestructurada» y en crisis.

Hay unanimidad en considerar que, dado el empate que se produce en el Parlamento vasco entre, por un lado, PP y PSOE, y, por otro, los partidos «vasquistas», incluida la Esker Batua-IU, todo está en manos del PCTV o EHAK. Lo que determine el partido batasuno será lo que «vaya a misa», o, lo que es lo mismo, el lendakari y sus planes de futuro, pasando por la consulta, será lo que vaya a misa. Lo que determine ETA, ni más ni menos, que es la gran ausente, la ignorada, salvo en la mención que se hace al final de la violencia, un final indudable e inequívoco.

Dicho de otro modo, Ibarretxe quisiera recomponer el final dialogado: si falló con el Gobierno de la nación, aspira ahora a que se recomponga con el auspicio y patrocinio del Gobierno vasco, algo bastante imprevisible. ETA tiene escasa confianza en las «atribuciones y competencias» del PNV y de Ibarretxe, y conoce bastante bien el débil apoyo con el que cuenta en su propio partido y en la sociedad vasca. No digamos ya en el Gobierno del Estado, en el que está clara la decisión de recurrir al Constitucional para pararle los pies al osado lendakari. Únicamente esa obstinada resistencia a la autoridad central pudiera estimular a los etarras y a sus socios «de la trama civil» para dar su apoyo a los planes de Ibarrretxe, ahora concretados en los cuarenta y cinco segundos que se tarda en leer y conocer las dos preguntas de la consulta...

De ese modo, raca raca, vienen llamando sus adversarios políticos, pero también los humoristas, la insistencia del lendakari Ibarretxe en sus estribillos permanentes: primero, el «plan Ibarretxe», y, segundo, la consulta popular sobre el futuro de Euskadi. Las dos cuestiones están básicamente relacionadas, o son coincidentes: Ibarretxe se obstina en seguir adelante con ambos proyectos, «caiga quien caiga» y aunque la víctima pueda ser él mismo.

Desde luego, la reacción que ha seguido al anuncio, serio y formal, del lendakari, con todo su Gobierno detrás, de llegar al Parlamento vasco las dos preguntas que proyecta realizar a los vascos y vascas ha sido la esperable: su tripartito la apoya, tal vez sin fisuras visibles, pero con variado entusiasmo. En el seno del PNV no es probable que se haga pública ninguna nota discordante. Tampoco la dará, verosímilmente, la Izquierda Unida vasca, que ya hace tiempo que va por libre y al margen de lo que piensa la IU de Llamazares, ya de por sí bastante «desestructurada» y en crisis.

Hay unanimidad en considerar que, dado el empate que se produce en el Parlamento vasco entre, por un lado, PP y PSOE, y, por otro, los partidos «vasquistas», incluida la Esker Batua-IU, todo está en manos del PCTV o EHAK. Lo que determine el partido batasuno será lo que «vaya a misa», o, lo que es lo mismo, el lendakari y sus planes de futuro, pasando por la consulta, será lo que vaya a misa. Lo que determine ETA, ni más ni menos, que es la gran ausente, la ignorada, salvo en la mención que se hace al final de la violencia, un final indudable e inequívoco.

Dicho de otro modo, Ibarretxe quisiera recomponer el final dialogado: si falló con el Gobierno de la nación, aspira ahora a que se recomponga con el auspicio y patrocinio del Gobierno vasco, algo bastante imprevisible. ETA tiene escasa confianza en las «atribuciones y competencias» del PNV y de Ibarretxe, y conoce bastante bien el débil apoyo con el que cuenta en su propio partido y en la sociedad vasca. No digamos ya en el Gobierno del Estado, en el que está clara la decisión de recurrir al Constitucional para pararle los pies al osado lendakari. Únicamente esa obstinada resistencia a la autoridad central pudiera estimular a los etarras y a sus socios «de la trama civil» para dar su apoyo a los planes de Ibarrretxe, ahora concretados en los cuarenta y cinco segundos que se tarda en leer y conocer las dos preguntas de la consulta...

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