La rula y su entorno

30.05.2008 | 00:00
La rula y su entorno
La rula y su entorno

Desde la Alcaldía riosellana no se percibe insistencia en la propuesta de tirar la rula para hacer aparcamientos. No sé si están recogiendo velas, que sería lo más prudente, a la vista de la reacción -entre incrédula y airada- del vecindario, o simplemente están dejando que se enfríe el tema. A falta de un programa conocido de gobierno entre los socios (y de una comisión se seguimiento del pacto que sirviera también para ofrecer información pública de sus planteamientos), lo único que se le ofrece al ciudadano es la vía de especular, intuir o incluso sospechar por dónde van las intenciones municipales. Cabría, por tanto, especular con que están considerando otra propuesta de aparcamiento distinta a la de la rula, pues me consta que hay una idea de un particular que, en principio, parece «descabellada», en palabras del propio Alcalde, pero que, si consigue apoyo financiero del Principado, podría hacerse realidad algún día.


Lo que no se ve por ningún lado es ese debate que las autoridades locales decían querer generar. No lo hay, porque ni los que gobiernan, divididos como están, defienden su propia propuesta de tirar la rula, ni la oposición sostiene con claridad una opción concreta. Yo pensaba que los del PP, tal como decían cuando gobernaban, defendían la propuesta del Campu les Rolles, donde se construirían la nueva Casa Consistorial y el aparcamiento subterráneo, pero hace días hablaban también de la zona de la Oficina de Turismo e incluso del área del Tocote, con lo cual ya no sé cuál es exactamente su punto de apoyo para un hipotético debate. Y para aumentar la confusión, los de IU, socios en el gobierno municipal, afirman ahora -como réplica a la propuesta socialista de tirar la rula- que su opción preferida es la que en su día había propuesto el PP para el Campu les Rolles. Al menos no están muy lejos de lo que decían en el programa electoral, donde se optaba por la zona de Palacio Valdés para habilitar los aparcamientos.


Digo yo que mientras que las soluciones de los grandes problemas sigan en el limbo, podrían ir mejorándose cosas más pequeñas, pues la temporada veraniega se echa encima y hay situaciones que requieren alguna actuación. Hablando de la rula, sin ir más lejos, a nadie se le puede pasar por alto el caos de aparcamientos y la deficiente distribución espacial que existe en todo su entorno. Desconozco si se debe a algún conflicto de competencias en la titularidad del suelo y si la solución corresponde, como ya dije, a Puertos, al Ayuntamiento o a la 3.ª brigada paracaidista del Ejército Rojo, pero alguien debe asumir de una vez la organización espacial del sitio. La zona de coches de la rula parece poco aprovechada y mal distribuida, y tal vez, si se hiciera de forma más racional, partiendo de cero, cabrían allí más vehículos, se circularía mejor y se vería el conjunto un poco más ordenado. Naturalmente, habría que reservar un cierto número de plazas, las justas y necesarias, para los profesionales de la pesca.


Al barullo de vehículos de toda esta zona, que viene de lejos, se ha añadido en los últimos tiempos una especie de rotonda improvisada -cerca del antiguo ambulatorio- que confunde a los conductores, que a veces se saltan la señalización simplemente porque no la ven, y que pone en peligro a los peatones, pues la improvisada desviación invade totalmente el espacio del tránsito de peatones por el muelle. Pensaba yo que era una actuación provisional -y bastante cutre, por cierto- para el invierno, pero, dadas las fechas, podría llegar el verano con este tema sin solucionar, igual que la retirada de las bandas sónicas de la carretera de la estación, tan denostadas por el vecindario.


Y ya puestos a arreglar pequeños detalles, cabría pedir a los profesionales de la cofradía que cuidaran un pelín mejor la limpieza del entorno de los almacenes. No es que estén mal, ésa es la verdad, pero los montones de nasas, cuerdas, boyas, tablas y redes acaban acumulando basura y sería conveniente evitarlo de alguna manera. Lo digo por la imagen de todo un pueblo que, nos guste o no (a mí no me gusta, pero me aguanto), está condenado a vivir del turismo. Y que no falte.

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