Un rodeo

Analfabetos

19.06.2008 | 00:00
Analfabetos
Analfabetos

Es una opinión personal, sin afán polémico o proselitista, que no pienso discutir con quien sostenga lo contrario. El punto de partida tiene lugar en la noticia reciente del niño gijonés practicante concienzudo del absentismo laboral. En sí la noticia escueta tiene poco de novedosa, pero le añade un ingrediente sugestivo el hecho de que la madre reconozca y parezca estimular la actitud del vástago. El chico, al parecer, es más que normal, despejado, listo y tiene ahora 12 años. Su hermana, de 15, presenta similares características, una moza corriente, que rechaza la idea de meterse en clase con sus compañeros. Podríamos calificarlo como síntoma genético, quizás hereditario.


El caso, aparentemente simple y repetido, tiene ciertas singularidades que le acercan a la aparición en el «Guiness», libro de los récords, pues según las informaciones que hemos recibido a través de la prensa el asunto fue detectado por los servicios municipales, con gran pericia y antelación, desde 1996, o sea, cuando la chica tenía dos añitos y el chaval estaba llegando al mundo. Un caso de precocidad administrativa inédito, que sepamos. La concejala del Ayuntamiento de Gijón se olió la tostada desde el primer momento, incluso, si me apuran, antes de que los hechos se hubieran producido, lo que tiene su mérito, pero no quiso que se hicieran públicos, por respeto hacia la familia, aunque inició el expediente en la fecha indicada.


No es tema baladí, porque, embalados como estamos en restaurar, por las buenas o por las malas, una moralidad pública, laica, por supuesto, aquí pueden deducirse sanciones penales de cárcel y retirada de la patria potestad a la madre, que parece ser el único cabeza de familia. Aunque parezca impopular, no estaría de más que se contemplara el derecho al analfabetismo como opción mantenida. La manía de escolarizar a todo quisque, de que todo el mundo vaya a la Universidad, de que cualquier pueblo, incluso barrio, tenga su Enseñanza Superior, sus facultades o escuelas especiales, dado el rastrero nivel formativo de las que hay, va a producir bandadas de licenciados semianalfabetos, sin que pueda el analfabeto vocacional desarrollar sus aptitudes en cualesquiera otras actividades. Uno de los hombres más valiosos que ha dado España fue Ramón Areces, creador de El Corte Inglés, que solo tenía estudios elementales. Un gigante del cine español, el gallego Cesáreo González, apenas conoció la instrucción Primaria y parece que el señor que hoy conocemos por su mote de El Pocero, pasea sus carencias universitarias en un avión privado.


Lo más curioso es la consecuencia pedagógica que se deduce, por parte de la intrusión que cada día bate récords de bobería semántica. Sin despojar de la bandera azul el asunto de las «miembras» inventado por la ministra de Libertad, Igualdad y Fraternidad, o cosa análoga, que ganó por corta diferencia a la también ministerial afirmación sobre las soluciones habitacionales de 40 metros cuadrados, el asunto no va por calificar al chico de vago, perezoso o maula, sino que se trata, ¡tranquilícese todo el mundo! de un simple desfase curricular. ¡Toma del frasco!


eugeniosuarez@terra.es

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