LUIS ANTONIO GARCÍA MARTÍNEZ
Se entiende por arrecifes el conjunto de elementos, constituidos por diversos materiales inertes y con diversas formas, que se distribuyen sobre una superficie delimitada del lecho marino. Desde el punto de vista pesquero, un arrecife artificial es un instrumento de ordenación que permite la protección de los recursos y de los ecosistemas de interés pesquero, y que localmente puede lograr el desarrollo de estos mismos recursos reduciendo la mortalidad de las fases juveniles antes de su reproducción, facilitando fuentes de alimentación para determinadas especies y haciendo posible la supervivencia de adultos reproductores en zonas nuevas, permitiendo además la mejora en la gestión de los usos de estos recursos.
Los arrecifes artificiales conocidos y más utilizados en nuestras costas son los siguientes: arrecifes artificiales de protección, actúan de forma disuasoria frente a las pescas ilegales de arrastre; se instalan para proteger los hábitats marinos frente a dichas actividades. Arrecifes artificiales de producción, éstos están diseñados para proporcionar abrigo y albergar en sus huecos especies pesqueras, protegiéndolas en sus fases de reproducción y puesta. Este tipo de arrecifes artificiales están construidos con módulos que presentan un volumen considerable, huecos y un gran desarrollo de superficies aptas para el desarrollo de organismos. Arrecifes artificiales mixtos, son aquellos que incorporan dentro de los polígonos arrecifales de protección, núcleos de producción para estudiar sus efectos.
La disposición y distribución de un arrecife artificial de producción no suele superar las cien hectáreas, un arrecife artificial de protección implica la ocupación de zonas superiores a la decena de kilómetros cuadrados, distribuyéndose los módulos de forma discontinua en barreras, y dejando entre sí áreas libres que permiten las actividades pesqueras con artes fijos y ocupando el 0,04 por mil de la superficie protegida; por tanto, imperceptible desde el punto de vista de la modificación del lecho marino.
La política pesquera española contempla los arrecifes artificiales como una medida de protección directa de los hábitats de interés pesquero y, por tanto, de regeneración de los recursos. Los inicios de esta línea de actuación datan de principios de los años 80, y se ven fortalecidos por la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea. Durante la década de los noventa y a la vista de su eficacia, se consolidan como medida de gestión pesquera. En 1995 el Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación (MAPA) inicia su participación directa como promotor de este tipo de iniciativas (ley 3/2001).
La autorización e instalación de arrecifes artificiales está regulada por el real decreto 798/1995, modificado por el real decreto 2287/1998, de 23 de octubre, por el que se definen los criterios y condiciones de las intervenciones con finalidad estructural en el sector de la pesca, de la acuicultura y de la comercialización, la transformación y la producción de sus productos.
Estudios realizados recientemente sobre los arrecifes artificiales fondeados en el Principado de Asturias y, en particular, el fondeado en la zona conocida como «Playa de Cudillero» demuestran que no cumplen perfectamente con los objetivos para los que fueron diseñados, el seguimiento de los arrecifes de producción ha evidenciado un comportamiento dispar de este tipo de iniciativas. Por otro lado, no existen logros suficientes que permitan decir que se están alcanzando las metas del programa, tenemos el establecimiento de un sistema biológico que presenta indicadores negativos y que no conducen hacia un microsistema arrecifal, la dinámica de las poblaciones nos indican que realmente no son utilizados por las especies como área de tránsito ni establecimiento, y que la biomasa existente, según se pudo comprobar, no se ha incrementado con el paso del tiempo.
Los individuos localizados en las inmediaciones del arrecife de producción podían considerarse estrictamente juveniles porque sus tamaños y especies corresponden a individuos de un año o más edad, salvo contadas excepciones. La ausencia de un asentamiento significativo de individuos juveniles en el arrecife de producción es considerable y quizá se pueda determinar que este elemento funcione más como atractivo que como productivo. Aunque no se puede considerar concluida la evaluación pesquera y de productividad de los arrecifes, se tienen los suficientes registros tanto de capturas como de consolidación del bentos y de las incrustaciones algales como para decir que no se ha experimentado un crecimiento significativo que nos indique lo contrario.
La localización no parece ser muy adecuada debido al contexto hidrográfico en el que se instaló, la zona está influida por una corriente general predominante a lo largo de todo el año de dirección Oeste-Este, que favorece el posible transporte larvario fuera de la zona de estudio. Por otro lado, durante los meses de otoño e invierno predominan los vientos de componente Oeste, que provocan corrientes superficiales de arrastre hacia el Este. En conjunto, todos estos procesos favorecen que la zona de estudio funcione como una fuente de larvas que posiblemente irán a reclutarse a otros lugares.
Por otro lado, un factor a tener muy en cuenta es el material con el que se han fabricado tanto los módulos alveolares como los de protección. La calidad de los hormigones y el tratamiento de las armaduras metálicas han hecho que las estructuras arrecifales de producción se deteriorasen hasta el punto de que algunas no se mantengan en pie; al resto, las que se mantienen en pie, casi no se le aprecian adherencias, lo que demuestra la poca vida tanto algal como béntica.
Por todo ello y para concluir se puede afirmar que el arrecife artificial de producción del área de Cudillero funcionó, si es que lo hizo en algún momento, como una estructura de atracción de individuos procedentes de fondos cercanos, sin que se detectara una presencia significativa de individuos. Con toda probabilidad habrá favorecido una producción somática, pero de ser así se debe considerar algo secundario cuando lo que se pretendía era mejorar el estado de las poblaciones explotadas mediante el aumento de las tasas de supervivencia de nuevos individuos. Es necesario, pues, reconsiderar el uso de este tipo de arrecifes artificiales con fines productivos, ya que los resultados son contrarios a los esperados. En lo que respecta a los de protección, son de poca utilidad porque las barreras que éstos conforman no mantienen la disposición ordenada para el buen funcionamiento, debido a que han sido movidos por artilugios de los propios arrastreros al objeto de abrir pasillos por donde colarse.