PACHI PONCELA
¿Ha visto «El cabo del miedo»? Da igual, la original o su remake. De una a otra pasan casi intactos el hilo argumental y la excelente música de Bernard Hermann. Es la historia de cierto abogado de provincias que sufre el acoso de un peligroso delincuente al que, ocho años antes, metió en la cárcel por maltratar a una mujer. El malvado Max Cady (Mitchum en la original, De Niro en la actualizada) se las apaña para convertir la vida del abogado en un infierno, pero conduciéndose con la más exquisita prudencia, sin infringir la ley. Es más: consigue que el infractor sea su adversario, quien acaba descubriendo cómo la norma que con tanto celo defiende no le protege cuando lo necesita. Eso lleva al abogado a dejarse de legalismos y a buscar solución a su problema tirando por la calle del medio. Que es lo que los espectadores llevamos esperando desde que la jeta de Cady aparece en pantalla: que alguien le parta las piernas, sin más. Porque enseguida descubres que no será un juicio justo lo que resuelva el embrollo, sino la tan denostada, por incivil, ley del más fuerte. Al final pierde Cady, pero a los puntos y a puñetazo limpio; no hay un final feliz que glorifique el sistema.
Ahora Max Cady vuelve a andar suelto por ahí, con porte chulesco y gesto retador (y unos chándales muy feos), dejando caer lo caro que puede costarnos haberlo juzgado de acuerdo a nuestras leyes. «Si me hubierais dado matarile por la espalda en un callejón?», parece decir. Quizá no haya que llegar tan lejos. Hubiera bastado con otra ley, una que impidiera a Cady salir tan pronto y evitara al respetable tragarse un sapo semejante. A los del común, poco avezados en sutilezas democráticas, nos pasa lo mismo que a la vicepresidenta de la Vega: nos repugna que Cady esté libre, andamos con arcadas. La diferencia es que ni usted ni yo podemos cambiar la ley. Ella sí puede. Está en su mano transformar el sapo, si no en un príncipe, en un batracio un poquitín más presentable. Para evitar que los tipos como Max Cady vuelvan a salirse con la suya.