ALEJANDRO ORTEA
El mismo que tuvo la idea de recomendarnos cierta Navidad la carne de conejo ha tenido, ya ministro del ramo industrial, otro feliz brote de la imaginación: regalarnos una o dos bombillas de bajo consumo por hogar. No está mal. Y en esto, y un par de congresos de partido, anduvimos en julio. Hasta llegó la «Semana negra» por la zona de El Natahoyo, fuese y no hubo nada; aparte de la fiesta y los encuentros literarios, las exposiciones, los bares, los caballitos y lo que le es inherente.
De El Natahoyo también nos surgió lo que otro que fue Ministro ha definido como «ese lodazal»: las grabaciones de marras en las que ciertos directivos de P. Pardo, la del PP, se despachan a gusto en reunión interna acerca de lo que era conveniente o no para ellos, electoralmente hablando.
Así, pude oír a mi Luis Crego, en boletín informativo de madrugada, a unos cuantos cientos de kilómetros de casa, según llegaba de una relajada cena estival con agradable sobremesa. Por un momento, no caí en la cuenta: estaban hablando de Gijón; pero no era una radio local de mi pueblo. Era a toda cadena para la España continental y una hora menos en Canarias.
Después, ya todo aclarado en clave serpiente de verano, llegó el análisis sosegado. Lo del veterinario «traidor», seamos sinceros con nosotros mismos, no es nada. Aquí lo que importa es lo que se haga, lo que se vote y hasta lo que se diga en el seno de las instituciones. Dentro de casa, cada uno se desahoga como quiere.
El tipo de inestabilidades organizativas del que da muestra el difusor de las grabaciones es de expulsión de libro y bien echado está, porque no es muy de fiar quien graba reuniones internas y saca «eses cosones» como el gran escándalo. Un equipo político no soporta en su seno tal clase de comportamientos. De hecho, si se dieran a la luz todas las cosas que se dicen, todas las estrategias más o menos afortunadas que se planean, todas las ideas que surgen en el seno de las directivas de partidos políticos, sindicatos, patronales, empresas y asociaciones civiles que en el mundo son, pediríamos billete directo y urgente para formar parte de la venidera colonia pionera a Marte.
Ahora, y puesto lo anterior, viene la gracia: lo del lodazal del que dice Cascos no querer saber nada. Aquel mismo que prefería «partido sin Gobierno a Gobierno sin partido» se inhibe. Pero, ¿no es del refugio en El Natahoyo de estas desamparadas crías de Godzilla de donde parte la fuente de la que manaron las grabaciones?
A la par, tenemos la imprudencia de la gente de Pardo: sabiendo el estado de sus cosas internas, asombra el desparpajo desplegado; porque es de suponer que ni Godzilla ni sus crías sean tan ternes como para no tener colocados submarinos, bien pertrechados de periscopio, grabadora y radiotransmisores.
Y como colofón, el pobre Pedro Muñiz, el hombre, riñendo a los de babor por subirse a «un coche robado». ¿Pretendía que los del PSOE hubieran simulado no haber escuchado nada y se comportaran como caballeros de club inglés decimonónico? En fin. El lodazal de la risa. Divertido, porque a la postre no tendrá consecuencias prácticas, y sintomático: por eso los gobiernos municipales de mi pueblo, desde el 79 del XX, tienen el signo que tienen.