LADISLAO DE ARRIBA
Con el triunfo de Mallorca, el Sporting ha perdido de vista el fatídico rosco. Reflexionando sobre ello me he dado cuenta de que para lograrlo ha tenido que cambiar la equipación histórica, la «colchonera» con la camisola a rayas blancas y rojas, como la bandera de Gijón.
No pretendo llevar el esoterismo al fútbol, metiéndolo en la irracionalidad, pero pudiera ser significativo que con vestimenta histórica haya entrado en el cero y mudando el uniforme saliese del puñetero guarismo. Ese mismo fin de semana, vestido a rayas, el «Atleti» de Madrid recibió la mayor goleada de su vida, y al día siguiente los bilbaínos, así uniformados, hicieron el ridículo en Sevilla.
Desde este observatorio que me honro en ocupar me permito sugerir al mandamás del actual Sporting que considere la posibilidad de cambiar de uniforme.
¿Acaso no han cambiado los uniformes en la vida civil? Y no digamos en la militar. Se cambió el histórico tricornio por la teresiana y el gorrillo cuartelero por la boina de los «paracas».
Hay ministros que se sientan descorbatados en el banco azul (¡oh, si don Julián Besteiro levantase la cabeza!).
Hay que empezar a creer en estas cosas. En muchas ocasiones puede más la imaginación que la razón, la fantasía que la realidad. ¿Por qué no llevarlas también al balompié? Jugaron los mismos chicos, de la misma manera, dirigidos por el mismo afán de superación.
Cambiaron de uniforme y vencieron.
No creo haber dicho mentira alguna.