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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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LUIS ARIAS ARGÜELLES-MERES Soy docente y conozco muy bien la importancia que tiene el recuerdo que uno deja en aquellos alumnos a los que en un momento dado impartió clase. Es probable que algo no muy distinto acontezca en el mundo periodístico. Es el caso que durante estos últimos 14 años tuve la oportunidad de tratar con Isidoro Nicieza, y es mi deseo dejar constancia de lo mucho que aprendí departiendo con él a lo largo de todo este tiempo.
No me corresponde abundar en informaciones ya publicadas y fácilmente constatables acerca de la relevante labor que llevó a cabo en este periódico. De ello hay sobrada constancia a poco que tengan a bien informarse quienes se interesen por ello. Lo que quiero resaltar aquí es su apuesta por la independencia de la labor periodística, así como por el pluralismo en la opinión. En unos tiempos en los que los partidismos y la falta de imparcialidad en los medios no están contribuyendo precisamente a eso que se viene llamando genéricamente derecho a la información, es de agradecer que el público lector tenga a su alcance publicaciones periodísticas que no incurren en los manchurrones antes mencionados. Y no me cabe ninguna duda de que Isidoro Nicieza mantendrá su esfuerzo por esto que vengo diciendo en lo mucho que le queda de trayectoria profesional.
Por otro lado, no estamos hablando sólo de alguien que, por razones de su cargo, conoce a fondo la vida pública de Asturias, sino también de un periodista cuya capacidad para la interpretación de la realidad social, cultural y política es de una clarividencia admirable.
Estoy seguro de que en su nuevo cargo como director general del diario «Faro de Vigo» se volcará en conocer y comprender todo lo que concierne al contexto político y social del que se ocupa el periódico decano de la prensa española, y que serán muchos los que amplíen horizontes a resultas de lo que es su forma de entender el oficio periodístico.
Por otro lado, hago mía la doble salutación que manifestó Pepe Monteserín en su columna hace pocos días dirigida tanto al director saliente como a la nueva directora de LA NUEVA ESPAÑA.
Sirvan, en definitiva, estas líneas como muestra de gratitud hacia alguien que, como consecuencia de todo lo dicho, ocupa un lugar importante en la historia del periodismo democrático en Asturias. Y es el caso que algunos, entre los que me incluyo, hemos tenido la suerte no sólo de haberlo tratado, sino también y, sobre todo, como dije más arriba, de aprender con él. Y de compartir sus apuestas por la pluralidad, por la independencia, por el periodismo democrático, así como por aquello que se considera «voluntad de estilo» dentro de las páginas volanderas de ese acompañante inseparable de cada día al que seguimos y seguiremos llamando periódico.
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