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Repetir curso

n Ante la última sentencia del Supremo que impide pasar a segundo de Bachillerato con más de dos materias suspensas

 
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LUIS ARIAS ARGÜELLES-MERES El PSOE, en materia de política educativa, se esfuerza al máximo para convencernos de que, como decía Borges de los peronistas, es, ante todo, incorregible. Estando sobre el tapete, con datos más que abrumadores, el fracaso de la LOGSE, lo que pretenden con denuedo es convertir, cada vez más, el Bachillerato en la ESO. Y es que, a poco conocimiento que se tenga de lo que sucede en las aulas, a todo el mundo le consta que se puede pasar de curso en la ESO con un montón de asignaturas pendientes. Vamos, así pues, de atasco en atasco y tiro porque me toca.


No sólo se quiere pasar como sobre ascuas ante el hecho de que el actual Bachillerato es muy corto, con lo que se resiente, entre otras cosas, la preparación del alumnado con vistas a la Universidad, sino que además se pretendía una especie de híbrido, al que sus defensores quisieron llamar «curso puente», que consistiría en poder matricularse de las asignaturas pendientes de primero de Bachillerato, así como de unas cuantas materias de segundo. Con criterios racionales, no se sabe bien qué utilidad podría tener tan ingeniosa ocurrencia. Con criterios docentes, menos aún.


¿Por qué se viene empeñando el PSOE, desde la LOGSE de Maravall a esta parte, en que no es políticamente correcto repetir curso? ¿No están ahí, demoledores, los datos que arrojan el «informe Pisa» y los índices de abandono y fracaso escolar? Y, lo que es más grave aún, ¿por qué esa guerra declarada a todo lo que sea adquisición de conocimientos? Guerra que se enmascara con una jerigonza repulsiva que se construye con términos como «habilidades», «destrezas» y unas cuantas mentecateces más.


Se habla de «educación», nunca de enseñanza; se habla de «convivencia», nunca de disciplina que, como tantas veces tengo escrito, tiene que ver etimológicamente con «discípulo». Y lo peor de todo no es, a pesar de todo, el engaño que se quiere transmitir a la sociedad, sino, en particular, al alumnado.


¿Qué pantomima de sistema educativo es éste donde se admite que se pase de curso sin que los conocimientos lo permitan? ¿Acaso en unas oposiciones, las que sean, se podrá aprobar sin tener conocimientos? ¿Qué puede pensar un alumno ante el hecho de que, aprobando o suspendiendo, obteniendo mejores o peores calificaciones, se puede superar el curso? ¿A esto lo llaman educar, cuando están transmitiendo, a la hora de los hechos, una falacia consistente en que los conocimientos no cuentan?


Ciertamente, el llamado sistema educativo en su conjunto y el Bachillerato en particular necesitan con apremio una reforma, pero no ésta que el Supremo acaba de rechazar. ¿A qué se espera para aumentar el número de cursos de Bachillerato? ¿A qué se espera para luchar contra los resultados tan preocupantes que se vienen cosechando? ¿A qué, señora Ministra, a qué?


Lo cierto es que, ni en la peor de las pesadillas, nadie pudo imaginarse que llegaría un momento en que lo menos importante del sistema educativo fuera la adquisición de conocimientos. Una buena muestra de ello no es sólo esta sentencia del Supremo que, en principio, pone freno a otro dislate más, sino también los criterios de evaluación del profesorado, entre los que no parece tener presencia la tarea docente en sí misma, sino asuntos como la forma en que se resolvieron conflictos de comportamiento, cuando se da la circunstancia de que apenas se cuenta con medidas disciplinarias que puedan aplicarse ante la eventualidad. Si, como tantas veces ocurre, alguien revienta el desarrollo de la clase, ¿es de recibo que el profesor no tenga autoridad para impedirlo o reconducirlo? También se pregunta en esos criterios de evaluación hasta qué extremo el profesor o profesora se suma a los proyectos del centro. Todo, menos la capacidad para explicar la materia. Todo, menos lo que va encaminado a la transmisión de unos conocimientos de forma que puedan ser asimilados.


Cruzada en contra de que se repita curso también en Bachillerato. Cruzada en contra de que se adquieran conocimientos.


¿El sistema de enseñanza en democracia era esto?

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