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FRANCISCO PALACIOS A raíz de mi artículo sobre el centenario del fútbol en Langreo, un buen amigo me facilitó una curiosa información referida al Unión Popular, que en su primer año de vida se clasificó campeón indiscutible de la Tercera División asturiana. Con 108 goles, fue el máximo goleador nacional en aquella Liga. Contaba además en sus filas con varios jugadores que habían pertenecido a equipos de Primera División, algunos de los cuales fueron internacionales.
El 29 de abril de 1962, el Unión Popular disputaba su primer encuentro de ascenso a Segunda División (aún no se había establecido la Segunda B) con el Europa de Barcelona, campeón de su grupo en Cataluña. Allí perdió por 2 a 1 el equipo langreano, que ganó por 1 a 0 al domingo siguiente en el Ganzábal.
Según la normativa vigente, se tenía que jugar un tercer partido de desempate en un campo neutral 48 horas después, y fue en el campo burgalés de Zatorre donde el Unión se volvió a imponer por 1 a 0. Tras eliminar seguidamente al Béjar, conseguiría su primer ascenso a Segunda División. Éstos son los antecedentes.
Por otra parte, en 2006, 44 años después, se recuerdan en la página web del Europa de Barcelona algunos avatares de aquella eliminatoria. Aunque en principio se reconoce que la potencia futbolística de los asturianos «era realmente temible», con jugadores experimentados y de gran clase, en esa página se arguye que sólo una serie de irregularidades habría impedido el triunfo del equipo catalán, especialmente en el partido de desempate, en cuyo resultado habrían influido móviles de índole política. 1962 es una de las fechas simbólicas del movimiento obrero asturiano. Los mineros de las Cuencas protagonizaron entonces una dura y larga huelga. Hubo encarcelamientos, despidos, deportaciones que suscitaron un amplio movimiento de apoyo a los mineros y de condena a los excesos represivos del régimen dictatorial.
Pues bien, en la repetida página web del Europa de Barcelona, además de otros agravios federativos, se mantiene la tesis de que aquella promoción futbolística se resolvió a favor del Unión Popular por influencia de la dictadura franquista, que, ante los graves conflictos laborales de los mineros, le interesaba que un equipo de las Cuencas como el Langreo «lograra el ascenso con objeto de apagar los ánimos y distraer la atención del pueblo hacia otros destinos».
A nuestro juicio, no se puede hacer una utilización más demagógica del victimismo, mezclando perversamente argumentos y sentimientos, arbitrariedades deportivas y supuestas razones políticas. Generalmente, el éxito de la salmodia victimista, que consiste en achacar los males presentes o pasados a factores externos -de la naturaleza que sean-, radica casi siempre en su muy improbable verificación. Y más aún en este caso, en que, transcurridos varios lustros, se intenta justificar un fracaso deportivo con un quimérico complot político.
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