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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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ALBERTO DEL RÍO LEGAZPI Ocurrió, hace unos treinta años, cuando la derecha política más espabilada comprobó que el régimen franquista había entrado en coma y supo aplicarse con urgencia una especie de «parche del doctor Andreu» al que llamó UCD. El remedio fue de Adolfo Suárez, un abogado de provincias más listo que el hambre, uno de esos tipos que tanto nos gustan a los españoles y que ayudado por dos asturianos sacó a España de la UVI. Uno fue un Maquiavelo disfrazado de Fernández-Miranda, que bailó a las Cortes de Franco hasta que despendoladas de tantas vueltas se hicieron el hara-kiri. Mientras, otro Fernández (Sabino) controlaba tensión y colesterol político del Rey en Zarzuela.
Aquello fue la transición española. Famoso invento español, exportable.
En Asturias también fue un tiempo febril. La libertad había explotado, pero también la crisis económica. Y la hemorragia se lo llevaba todo por delante, hasta a Ensidesa y a Hunosa, que ya es decir. Y aparecieron las luchas de la leche (me refiero a los ganaderos) o las de empresas de montajes o huelgas estudiantiles de apoyo a éstos o a aquéllos, etcétera. Fue tal el vértigo de aquella calentura, por arreglarlo todo y tan aprisa, que muchos fuimos la estampa viva del vivo sin vivir en mí, en medio de aquella epidemia de acontecimientos que se sucedían frenéticamente, ya fuesen referéndum, elecciones locales, regionales o nacionales.
Quizá porque el cuadro clínico social era tan grave los médicos empezaron a copar altos cargos políticos. El dermatólogo Barthe Aza en UCD, el oftalmólogo Luis Fernández-Vega en la AP de Fraga y el pediatra Corte Zapico en el PSOE. Si ponemos en paralelo especialidad médica y siglas políticas, se sacan consecuencias: cambio de piel en los centristas, corrección de miopía en la derecha y cuidados para el niño esperado (Felipe González) en la izquierda.
En Avilés también los clínicos se dieron a las urgencias políticas. El cardiólogo Antonio Artime, socialista histórico, que parecía tenerlo todo para gobernar la ciudad, en 1979, quedóse paralizado ante tanto infarto siderúrgico. El PSOE tuvo que lanzar a la Alcaldía a un dirigente del movimiento ciudadano y persona notable en la UGT, y así fue como apareció Manuel Ponga en nuestras vidas. Pero entre los concejales centristas se incrustó el médico Suárez Estrada. Desde entonces, rara fue la Corporación que no tuvo un galeno en su seno: Pedro Solís, Ignacio Domínguez-Gil, Juan Enrique García?
Actualmente, y quizá por gozar ya de buena salud la democracia, han vuelto a consultas y hospitales. Georges Bernanos los consideraba curas republicanos, o sea, estatales. Sabe Dios, oye.
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