JAVIER MORÁN
Vehículo arriba, vehículo abajo, más de un cuarto de millón de camiones han arribado al puerto de El Musel en 2008, y unos pocos menos en 2007. No sabemos cuántos lo hicieron por el túnel de Aboño y cuántos por Príncipe de Asturias y Cuatro Caminos y El Arbeyal, pero es seguro que no habrán sido pocos.
Por tanto, lo primero que hay que emprender es un homenaje al vecindario de Cuatro Caminos y zonas aledañas, por soportar una presión de tráfico muy superior a la de cualquier otro sector del municipio. Una de las diferencias más destacables entre la España nuestra y la Europa más civilizada -es decir, la del centro y norte del continente- consiste en que en ésta hace mucho años que han puesto a raya los tráficos de todo tipo, y el ruido y la contaminación asociados. Un ejemplo: los trenes más veloces que atraviesan Alemania o el Benelux han de reducir su velocidad a unos 100 kilómetros por hora cuando pasan cerca de núcleos habitados. Otro: no existe tractor agrícola en esos territorios que produzca más ruido que una motocicleta -una no alterada, evidentemente.
Volviendo a Gijón, y al heroísmo de sus habitantes, la Autoridad Portuaria, cuyas noticias seguimos con pasión, explica que gran parte de ese chorro de camiones circula a causa de las obras de ampliación del puerto, pero que cuando estas vayan finalizándose florecerá otro gran foco de atracción de vehículos pesados: la autopista del mar, para la que esperan hasta 100.000 camiones al año hacia 2014.
Mucho vehículo, en consecuencia, y una pregunta: ¿siguen el puerto y el Principado empeñados en no realizar el gran acceso industrial portuario exclusivamente por Aboño -lugar natural, valga la contradicción- y llevar otro ramal por Jove? Recuérdese que la solución doble fue fruto de extrañas relaciones entre concejos y el Gobierno regional, pero, ahora, ante la gran evidencia de circulación camionera no estaría de más simplificar las entelequias.