JAVIER MORÁN
La secretaria general del Partido Popular, Dolores de Cospedal, ha pasado por Gijón con una pregunta: «¿De verdad está toda España preocupada por los trajes en lugar de por los cuatro millones de parados?».
Ahí está: cuatro trajes regalados al presidente de la Generalitat de Valencia frente a todos esos desempleados que la nación produce sin desmayo. Cuatro trajes que, no obstante, están recubiertos de misterios, ya que Camps declaró ante el juez que los había pagado de su bolsillo y, directamente, con una calderilla que le había pasado su esposa. Pero, a la vista de otros declarantes en el proceso, y a la espera de comprobar si esas vestimentas fueron un «convoluto» textil, esto es, un intercambio de regalos por favores contractuales, el camino de Francisco Camps parece verdaderamente incierto.
Como incierto es este Partido Popular, que podría empatar con el PSOE en escaños europeos, pero no mucho más, según las previsiones demoscópicas de ahora mismo. Al contrincante de Mariano Rajoy, el presidente Zapatero, hay que reconocerle que cada día sale a la palestra con una nueva idea anticrisis. Habrá quien diga que con 600 asesores en la Moncloa le parece muy poco que Zapatero sólo saque una propuesta diaria. Dejémoslo así, porque, aun con una cotidiana, se le estrella la mayoría o causa más confusión. Pero, enfrente, lo que tiene es a un Rajoy tirando de Camps o de Trillo, o fardos similares, que es lo de menos, porque, en definitiva, lo que parecen el PP nacional, regional o local es lo mismo: un transitar con marcha lenta y pesada, una orfandad liberal, una laboriosidad escasa y un partido vacío pendiente de cuatro trajes.